miércoles, 23 enero 2019
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La Monalisa

  • Escrito por Dra. Fernanda García Alvarado
  • Publicado en Arte y medicina

Un compendio de Medicina Interna

Investigación en Medicina y Ciencias de la Salud.

La Gioconda (La Joconde en francés), también conocida como La Mona Lisa, es una obra pictórica del pintor renacentista italiano Leonardo da Vinci. Fue adquirida por el rey Francisco I de Francia a principios del siglo XVI y desde entonces es propiedad del Estado Francés. Se exhibe en el Museo del Louvre de París.

La gran capacidad de observación que caracteriza al artista ha hecho posible en no pocas ocasiones que, inadvertida o conscientemente, queden reflejadas en sus obras las manifestaciones físicas y psíquicas de múltiples y variadas enfermedades.

Estos signos clínicos, en algunos casos, resaltan de forma tan evidente como en muchos de los retratos velazqueños; por el contrario, en otras obras sólo aparecen perceptibles a los ojos del especialista o del profesional avezado, siendo estas últimas, no cabe ninguna duda, las que plantean el reto más estimulante y las preferidas para sentar en la consulta.

Aunque en la historia del retrato existen múltiples obras que han atraído el interés diagnóstico del médico aficionado a la pintura, ninguna comparable con la enigmática e irresistible Gioconda.


En 1959 el Dr. Keele, experto en la obra científica de Leonardo, diagnosticó el embarazo de la modelo al identificar en cara, cuello y manos algunos de los cambios externos originados por las típicas alteraciones hormonales de la gestación, que el autor considera postura típica: los brazos cruzados sobre el regazo; opinión recientemente compartida por el Dr. Nulland. Entre ambos, el Dr. Marañón detectó una insuficiencia ovárica, hablando de mano hipogenital con aspecto de impregnación vasculolinfática, sensación de frialdad y que dejarían fóvea al apretarlas. En relación con el embarazo y el mayor riesgo en estos casos de parálisis facial, en 1989 el Dr. Adour identificó una parálisis de Bell parcialmente recuperada, aunque con las secuelas de una leve contractura muscular facial, evidente en la comisura bucal y ceja del lado izquierdo, y una desagradable sincinesia secundaria que provocaría continuos movimientos involuntarios faciales asociados a otros voluntarios o al simple parpadeo, lo que habría hecho imposible concluir la obra y obligado a Leonardo a una indefinición de rasgos.

Tras los múltiples ejercicios de observación, el resultado se manifiesta como un auténtico compendio de medicina interna. Y aunque en nuestra profesión estamos acostumbrados a las inverosimilitudes, parece bastante improbable la concurrencia simultánea de tal cúmulo de patologías en la aparentemente joven que posó para Leonardo. Sin embargo, aún contamos con el recurso del interrogatorio para iluminar y averiguar, hasta donde sea posible, la identidad e historia personal de tan famosa modelo.

Referencia

http://scielo.isciii.es/pdf/ami/v23n3/humanidades.pdf