Rentables pero con baja ocupación, paradoja de hospitales privados mexicanos
- Escrito por Mtra. Maribel Ramírez Coronel
- Publicado en Expertos
El Ranking IntelLat de Mejores Hospitales y Clínicas de América Latina 2026 -que incluyó a 10 hospitales de México- deja una imagen incómoda por doble razón: por un lado, que los grandes hospitales privados mexicanos tengan baja ocupación -abajo del promedio regional- es un dato lamentable dado que es infraestructura desaprovechada en un país donde hay carencia de atención médica.
Por otro lado, que despachen al paciente en menos días habla de su eficiencia, pero que aun con esos dos elementos los hospitales privados mexicanos sean más rentables que el promedio del sector en la región, refleja muchas cosas. En términos de negocio habla de que el éxito hospitalario no necesariamente se puede medir por el porcentaje de camas llenas, pero en un país como México, con tantas carencias en cobertura de salud y con un gasto de bolsillo familiar demasiado elevado, esa rentabilidad hospitalaria reportada por IntelLat es difícil de aplaudir.
Los datos son anticipos del ranking IntelLat que reportó la firma privada de consultoría e investigación de mercados fundada en 2022, que elabora dicho ranking. En 2026 reunió y analizó información de 106 hospitales de alta complejidad en diez países. Para México es una muestra de élite, no un censo del sector nacional porque apenas diez son mexicanos, pero aportan indicadores de ocupación, estancia y rentabilidad que no se suelen conocer abiertamente en México.
Sí es una señal útil: los números de México describen a un grupo de instituciones privadas de punta; el resto de los hallazgos —inteligencia artificial y participación del paciente— retrata, en lo general, a la industria hospitalaria latinoamericana que el ranking observa.
La paradoja está en los datos mexicanos. Esos diez hospitales operan con menos ocupación que el promedio regional, dan de alta más pronto y, aun así, son más rentables que el conjunto analizado en América Latina. La ocupación de camas en México fue de 59.2% en 2025, por debajo del 82.6% regional, aunque mejoró frente al 57.4% del año anterior. La de quirófanos llegó a 54.5%, arriba del 50% de 2024, pero lejos del 72.5% del total de hospitales evaluados. La estancia media fue de 4 días en México contra 4.8 días en la región. Las ventas de los hospitales mexicanos crecieron 15.1% en el equivalente a dólares corrientes, menos que el 18.6% regional. La utilidad sobre ventas bajó de 14.2% a 9.1% y, con todo, se mantuvo por encima del 5.1% del promedio latinoamericano. Solo 1 de los 10 hospitales mexicanos evaluados registró pérdidas en cada uno de los 2 años; en el conjunto regional esa proporción fue de 17%. El punto es que la rentabilidad de 9.1% de hospitales mexicanos sigue por encima del promedio regional, pero ya no es el 14% de hace un año.

Leídos punto por punto, esos indicadores hablan de que este grupo de hospitales privados de alta complejidad tiene capacidad instalada cara y todavía holgada, rota al paciente con agilidad y conserva un colchón de rentabilidad aunque ya empieza a comprimirse. Pero como ya dijimos, no es de celebrar ese margen mientras quirófanos y camas están a media ocupación, y aparte se deprecian. La pregunta de Consejo no es si el hospital está lleno. Es si cada día-cama y cada minuto de quirófano producen valor clínico, experiencia y caja.
Lo que sigue ya no es un retrato exclusivo de México. Es la tendencia que IntelLat observa en los 106 hospitales de la región. La inteligencia artificial está pasando de la gestión a la práctica clínica. Entre las instituciones que reportan iniciativas, 88% menciona al menos una aplicación clínica de IA. Las más citadas hacia 2026 son apoyo al diagnóstico y a la decisión (61%), análisis de imágenes médicas (42%), diagnóstico predictivo (37%) y, más atrás, cirugía y planificación quirúrgica (12%). Aparecen usos nuevos y concretos: pre-informes de electrocardiograma en segundos, evaluación quirúrgica por video, auditoría de lavado de manos con visión computacional, prescripción de ejercicio terapéutico y lectura de sentimiento sobre la experiencia del paciente. También asoman “agentes” de IA para auditoría clínica, gestión de glosas, asistencia médica y programación de quirófano. El uso administrativo de IA no desaparece; se vuelve más puntual.
Para los hospitales mexicanos de la muestra, esa agenda regional se cruza con su holgura. Un quirófano al 54.5% es el lugar natural para un agente de programación y para apoyo a la planificación quirúrgica, no para los ya comunes chatbots de citas. De acuerdo con los datos reportados por IntelLat, el reto de la aplicación de IA, en México y en la región, es de gobierno más que de software. “Si no hay dueño de resultado, datos clínicos confiables ni protocolo cuando el algoritmo se equivoca, la inversión se puede volver costo”.
Otro aspecto medido en la muestra regional de 106 hospitales es lo relacionado al “cuidado centrado en la persona” que ya es lenguaje común. Casi 4 de cada 10 instituciones tienen Consejo Consultivo de Pacientes y Familiares o Asociación de Usuarios. El resto se apoya en encuestas, buzones, peticiones, quejas y reclamos y educación. Es decir, los pacientes tienen voz, pero no poder. Solo 1 de cada 5 nosocomios habla de codecisión: co-diseño de servicios, revisión de políticas, validación de contenidos o un asiento en comités estratégicos y de bioética.
Sobre esto, IntelLat adelanta ejemplos. En Colombia, un hospital incorpora representantes de pacientes a su Comité de Servicio Centrado en la Persona, los presenta cada año ante la Junta Directiva, los integra al Comité de Bioética y valida con ellos materiales educativos. En la Ciudad de México —aquí sí hay un caso local dentro de la muestra regional, sin precisar cual hospital— opera un Panel de Pacientes que evalúa la experiencia, propone cambios, valida acciones y revisa resultados. En Brasil, un hospital de la Rede Américas contacta al 100% de los pacientes insatisfechos, responde y genera planes de acción. En varias instituciones de la región la queja deja de ser un simple trámite administrativo: ante un evento adverso se informa al paciente y a la familia y se les incorpora a la respuesta. En paralelo crecen navegadores y concierges, plataformas de escucha —WhatsApp, códigos QR, pedido a pie de cama— e indicadores que el propio paciente reporta sobre resultado clínico y experiencia. No sólo se trata de escuchar el reclamo sino gobernarlo, es decir que transite a procesos, prioridades, indicadores y presupuesto.
Escrito por: Maribel Ramírez Coronel.
maribel.coronelleconomista.mx
