Lo que el silencio de las alturas le regala a tu cuerpo y a tu mente
- Escrito por Luis M. Flores Landeta
- Publicado en Expertos
El ruido que no escuchamos
Vivimos acelerados. Las notificaciones, las juntas, el tráfico, las deudas pendientes, las noticias que no paran. Todo eso genera un ruido constante —muchas veces invisible— que nuestro cuerpo carga sin que nos demos cuenta. Un ruido que no solo agota la mente, sino que con el tiempo comienza a cobrarle factura a órganos tan vitales como el corazón, el cerebro… y el hígado.
Sí, el hígado. Un órgano que trabaja en silencio y que, paradójicamente, es uno de los más sensibles a los efectos prolongados del estrés crónico. Cuando el cuerpo percibe amenaza constante, libera cortisol y otras hormonas que alteran el metabolismo, promueven la inflamación y afectan directamente la función hepática. No es un dato menor para quienes ya llevan una batalla con su salud.
Pero este artículo no es sobre el daño. Es sobre el remedio.
Mount Hood, Portland, Oregon. Fotografía con cámara Nikon ZFC, tomada desde el Japanese Garden en Washington Park.
El día que encontré el silencio
Recuerdo con claridad el momento en que levanté el vuelo por primera vez en medio de un paisaje natural, lejos de la ciudad. No había edificios, no había bocinas, no había prisa. Solo el suave zumbido del dron ascendiendo y, de repente, en la pantalla, una imagen que me dejó sin palabras.
La naturaleza vista desde arriba tiene algo que no se puede explicar del todo con palabras. Los ríos se convierten en líneas de plata, los bosques en texturas infinitas, las montañas en esculturas que el tiempo tardó millones de años en tallar. Y tú, que segundos antes pensabas en el correo sin responder o en la reunión de mañana, de pronto dejas de pensar en todo eso.
Simplemente… estás presente. Eso, que parece un momento mágico, tiene en realidad una explicación científica muy concreta.
Vista aérea del Río Willamette, Portland, Oregon. La naturaleza y la ciudad coexistiendo en perfecta armonía. Fotografía tomada con dron DJI Mini 4 Pro.
Lo que le pasa a tu cuerpo cuando te conectas con la naturaleza
- Diversas investigaciones en neurociencia y psicología ambiental han documentado algo que muchas culturas antiguas ya sabían de forma intuitiva: la naturaleza tiene un efecto restaurador directo sobre el sistema nervioso.
- Cuando nos exponemos a entornos naturales —ya sea caminando en un bosque, sentados frente al mar o, en mi caso, contemplando el mundo desde las alturas a través de un dron— ocurren cambios medibles en nuestro cuerpo:
- Disminuye el cortisol, la principal hormona del estrés.
- Baja la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
- Se activa el sistema nervioso parasimpático, conocido como el modo “descanso y digestión”, que es exactamente lo opuesto al modo de alerta constante en el que muchos vivimos.
- Mejora el estado de ánimo gracias a un aumento en los niveles de serotonina.
- Se reduce la inflamación sistémica, que es uno de los factores que más daña al hígado a largo plazo.
No necesitas irte al Himalaya para experimentar esto. A veces basta con un parque, una azotea con vista al cielo abierto, o un campo a las afueras de la ciudad.
Vista House, Corbett, Oregon. Desde este mirador histórico con vistas al Río Columbia, cada vuelo se convierte en un diálogo entre el ser humano y la naturaleza. Fotografía tomada con dron DJI Mini 4 Pro.
La perspectiva lo cambia todo
Hay algo que la fotografía aérea me ha regalado y que va mucho más allá de las imágenes: una nueva forma de ver los problemas.
Cuando subes la cámara a 100 metros de altura, lo que desde abajo parecía un obstáculo enorme —una colina, un río, una zona boscosa densa— de pronto se convierte en parte de un paisaje hermoso y ordenado. Nada parece tan caótico desde arriba. Todo tiene una forma, un lugar, un sentido.
Y me he preguntado muchas veces: ¿por qué no aplicamos esa misma perspectiva a nuestros problemas de salud, a nuestras preocupaciones, a nuestros miedos?
El estrés, en gran medida, es un problema de perspectiva. Nuestro cerebro percibe amenazas que muchas veces no son tan grandes como parecen desde adentro. Subir la mirada —literal o metafóricamente— nos ayuda a dimensionar mejor lo que vivimos y a encontrar la calma que necesitamos para enfrentarlo.
Squamish, British Columbia, Canadá. Donde las montañas, el fiordo y el cielo se funden en un solo aliento. Fotografía con cámara Nikon ZFC.
Tres regalos del silencio de las alturas
A lo largo de mis años practicando la fotografía aérea en distintos lugares del mundo, he identificado tres beneficios que vivo de manera personal y que creo que cualquiera puede experimentar, con o sin dron:
- La mente se detiene. Operar un dron exige concentración total. No puedes estar pensando en tus problemas mientras controlas un equipo en el aire. Esa atención forzada funciona exactamente como una sesión de meditación: silencia el ruido mental y te ancla al momento presente.
- El cuerpo respira diferente. Sin que te lo propongas, en la naturaleza tu respiración se vuelve más lenta y profunda. Eso activa directamente el nervio vago, el gran regulador del sistema nervioso, y pone al cuerpo en modo de recuperación.
- Recuperas el asombro. El asombro —esa sensación de maravilla ante algo más grande que tú— es una de las emociones más saludables que existen. Reduce el estrés, fomenta la gratitud y nos hace sentir parte de algo más grande. Cada vez que veo el mundo desde las alturas, el asombro aparece sin falta.
No necesitas un dron para encontrar tu silencio
Si algo he aprendido en este camino es que el dron es solo el vehículo. Lo que realmente transforma es la intención de buscar ese espacio de silencio y conexión con la naturaleza que todos necesitamos, especialmente cuando estamos atravesando un proceso de salud difícil.
Puede ser fotografía, puede ser una caminata, puede ser sentarse en un jardín y observar las nubes. Lo importante es salir del ruido, aunque sea por un momento, y dejar que la naturaleza haga lo que sabe hacer mejor: recordarle a tu cuerpo cómo descansar.
Tu hígado, tu corazón y tu mente te lo agradecerán
Capilano Forest Park, Vancouver, Canadá. Cuando la naturaleza te recuerda que el silencio también es una forma de sanación. Fotografía con cámara Nikon ZFC.
Para cerrar…
La próxima vez que sientas que el peso del día es demasiado, te invito a hacer una pequeña prueba: sal, busca un espacio abierto, levanta la mirada al cielo y respira. No necesitas resolver nada en ese momento. Solo estar.
A veces, el mejor regalo que puedes hacerle a tu cuerpo es simplemente… el silencio de las alturas.
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SOBRE EL AUTOR Luis Flores Landeta es egresado de la Universidad Anáhuac, con más de 30 años de experiencia en Marketing Digital y Comercio Electrónico. Apasionado de la fotografía aérea, comparte desde esta columna cómo sus experiencias como fotógrafo se convierten en lecciones de bienestar y salud. e-mail: luiflorla@yahoo.com.mx Perfiles de Instagram: @luisfloresphoto y @asombra_photo |
