Nuevo tratamiento en cirrosis hepática

Javier Ventura Juárez, profesor investigador del Departamento de Morfología de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), en México, en conjunto con un grupo de expertos, analiza el efecto de los fármacos doxazosina y carvedilol para tratar a pacientes con cirrosis hepática.

"La idea nace de un proyecto completamente diferente, porque nuestra línea de investigación es la amibiasis y en el proceso amibiano nosotros buscamos modificar o ver qué ocurre cuando se cambia el sistema nervioso autónomo (…) Eso lo hicimos, pero normalmente la amiba induce un absceso hepático en el hígado o úlceras en el colon. En el caso del hígado observamos que normalmente se hace una cápsula de tejido fibroso de colágeno, y esa es la vía final común del absceso amibiano; sin embargo, en los animales que les quitamos el sistema nervioso simpático no vimos eso, o vimos una expresión mínima del colágeno, y de ahí partió la idea”, explicó.

Por lo anterior, dijo, comenzaron a contemplar la posibilidad de trasladar este mismo proceso a las enfermedades del hígado que producen colágeno, para así tratar de moderar o erradicar sus efectos mediante la utilización de fármacos que ya existen en el mercado pero que se utilizan para otros padecimientos, cuando también podría servir para controlar las células de fibrosis en el hígado.

“Nosotros buscamos, con las ideas de los doctores, primero, el establecimiento del modelo de cirrosis hepática en el hámster, después de eso aplicamos dos medicamentos que atacan los reductores alfa y beta de la adrenalina, alfa-adrenorreceptores, así se llaman, y esos medicamentos son los que estamos patentando en su nueva función”, señaló Ventura Juárez.
Indicó que en distintas etapas del proyecto se han realizado varios experimentos y se han ido observando primero efectos gruesos y, posteriormente, efectos cada vez más finos, llegando a la conclusión de que a cierta dosis, la doxazosina y el carvedilol disminuyen el depósito de colágeno en el proceso de la cirrosis inducida.

“Como no había nada escrito respecto a la aplicación en animales, consideramos que primero las dosis debíamos de hacerlas altas para poder ver un efecto y, efectivamente, a 250 miligramos por kilogramo de peso, los animalitos se morían, había más de 50 por ciento de la mortalidad de los hámsteres cirróticos tratados con los medicamentos, entonces le fuimos bajando la dosis hasta llegar a 100, 50 y 15 miligramos por kilogramo de peso, entonces hemos ido empezando a ver cambios y mayor sobrevivencia de los animales, además de los cambios morfológicos que son evidentes en la dimensión del depósito de colágeno, que es la parte esencial de la cirrosis”.

Finalmente, el profesor investigador del Departamento de Morfología de la UAA recordó que la cirrosis es un síndrome hepático, el cual provoca que el hígado siempre esté inflamado, generando una respuesta que en algunos libros llaman “cicatrización”, misma que consiste en que el hígado comienza a producir una gran cantidad de colágeno para encapsular el daño, lo cual en lugar de ser benéfico resulta perjudicial, ya que termina alterando y destruyendo las funciones de este órgano, lo cual conlleva un descontrol en las funciones hepáticas del individuo, por eso los pacientes con cirrosis son desnutridos, tienen retención de líquidos y no absorben bien los alimentos.

Martín Humberto Muñoz Ortega, profesor investigador del Departamento de Química de la UAA, subrayó que su aportación al proyecto se ha dado en dos rubros: desde el modelo histológico, analizó las concentraciones necesarias de tetracloruro de carbono para poder emular una fase avanzada de lo que es la cirrosis hepática en los hámsteres de manera inducida.
“A partir de ello, aplicamos ahora los modelos de reversión con los tratamientos y hemos visto buenos resultados (…) En la parte bioquímica hemos visto que aparte de que regenera el hígado, hay una restitución nuevamente de la síntesis de albúmina, de la disminución de transaminasas, de la disminución de bilirrubinas, el incremento de glucógeno”, destacó.

Muñoz Ortega apuntó que con las dosis de uno y 1.2 miligramos de doxazosina y carvedilol se ha logrado entre 65 y 70 por ciento de reversión, y ya han comenzado a experimentar con una nueva dosis de ambos medicamentos, cuyos primeros resultados han arrojado una reversión superior a 80 por ciento y una recuperación del órgano, el cual muestra una alta viabilidad en cuanto a sus funciones.

“Tanto histológica como bioquímicamente, va recuperando nuevamente el órgano la función (…) Ahora estamos midiendo más a fondo, tratar de valorar el patrón molecular para ver si expresan metaloproteasas y hay deceso de otros mediadores que están muy activos en la fibrosis, como citocina profibrogénica”, dijo.

Por último, el profesor investigador del Departamento de Química de la UAA afirmó que han comenzado a realizar análisis sobre el proceso de regeneración del hígado para procurar que la proliferación celular se lleve a cabo de una manera ordenada, y evitar así que haya algún proceso que esté distorsionado o esté llevando a otro daño. Con los datos observados hasta ahora, se considera que hay una recuperación del órgano bastante ordenada.

Daniel Cervantes García, profesor investigador por Cátedras Conacyt en la UAA, mencionó que está a cargo de la evaluación molecular de los mecanismos por los cuales está interviniendo la doxazosina en el tratamientos de la cirrosis, habiendo observado la presencia de metaloproteasas, las cuales están involucradas en la degradación de la matriz extracelular dura, favoreciendo así que haya mejor irrigación sanguínea y mayor actividad de los hepatocitos para poderse sobreponer al daño.

“Estamos evaluando por PCR en tiempo real que justamente en los hepatocitos en tejido cirrótico haya la expresión de ciertos genes que estén favoreciendo la reversión del proceso cirrótico, y justamente uno de esos genes que se están expresando son metaloproteasas, enzimas que degradan la matriz extracelular que es dura, y degradándola se recupera la función del tejido”, apuntó.

Agregó que se encontró una presencia de metaloproteasas que están favoreciendo la expresión de esos genes en una fase experimental y se considera además que ya se cuenta con los suficientes datos como para poder empezar a hacer un ensayo clínico, si bien lo primero es evaluar los riesgos de los pacientes, por lo cual se establecerá cierto control en el número de pacientes a fin de tratar de prevenir que haya posibles efectos adversos en ellos.

“Ese sería el primer paso a dar, más que haya un efecto sobre los pacientes de reversión de la cirrosis, que los tratamientos no sean tóxicos, que no les vaya peor a los pacientes, enseguida se podrá incrementar el número de los pacientes y entonces sí evaluar que el efecto terapéutico observado en animales se pueda observar también en pacientes”.

Para concluir, indicó que ya ha sido inscrita la patente para segundo uso de la doxazosina y el carvedilol y están a la espera de recibir los resultados de la evaluación de fondo. Añadió que en el proyecto también ha trabajado la investigadora Rosario Campos Esparza.
 
Referencia
http://noticiasdelaciencia.com/not/20201/nuevo-tratamiento-en-cirrosis-hepatica