UN BUEN HÍGADO PARA SANAR EL CORAZÓN

El corazón y el hígado son órganos que están relacionados de manera muy estrecha “en la salud y en la enfermedad”. Está escrito en la medicina tradicionalista desde hace miles de años, que cada órgano tiene su propio “temperamento”, que a su vez está compuesto de cuatro elementos o “cualidades”: “caliente” ó “frío”, que se relacionaba al metabolismo del órgano; “húmedo” y “seco” que se refería propiamente a la humedad intrínseca de los tejidos.


Ya el gran maestro Avicena (conocido como “el príncipe de los sabios”) describía en su “Canon de la Medicina” la íntima relación entre hígado y corazón. Particularmente hacía referencia al dominio del “corazón cálido” sobre el “frío hígado”; y del “hígado seco” sobre un “corazón húmedo”. Igualmente nos habla del gran impacto que tiene el “temperamento” del corazón sobre los “temperamentos” del hígado y cómo el primero afecta el pronóstico y la evolución del segundo.

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Sabemos entonces que la interacción entre hígado y corazón es muy estrecha; ¿qué tipo de enfermedades hepáticas afectan de manera directa o indirecta al corazón?, ¿qué procesos nosológicos (o enfermedades) a nivel cardíaco tienen impacto sobre la víscera hepática?, ¿existen padecimientos que afectan a ambos de manera aislada pero en un continuo de enfermedad?. Para muestra... varios botones.


La infección por virus de Hepatitis C (VHC) no solamente puede condicionar un proceso inflamatorio del hígado, también se ha demostrado que inicia un proceso inflamatorio crónico del miocardio, desarrollando necrosis y eventualmente una Miocardiopatía dilatada. Igualmente se ha asociado dicha inflamación crónica con un proceso acelerado de ateroesclerosis (arterias duras) que incrementa el riesgo cardiovascular del paciente. Por otra parte, el paciente con cirrosis hepática presenta una alteración del equilibrio del sistema nervioso autónomo con predominio "del tono simpático"; lo que condiciona un estado circulatorio llamado hiperdinámico en el cual el paciente tiene la presión arterial baja, a veces muy baja (lo cual le provoca mareo, por ejemplo). Parece poca cosa, pero lo anterior, de perpetuarse, condiciona un aumento considerable del riesgo cardiovascular, la posibilidad de remodelado de la arquitectura del ventrículo izquierdo e implicaciones graves en la sobrevida del paciente (Miocardiopatía cirrótica).

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La Insuficiencia Cardíaca es uno de los principales problemas que enfrenta hoy cualquier sistema de salud. Además, es la principal causa de origen cardíaco de congestión venosa pasiva del hígado; pero no es la única, una Pericarditis constrictiva, la Hipertensión Pulmonar grave o una estenosis mitral pueden condicionar aumento de la presión y disfunción del ventrículo derecho. La "hepatopatía congestiva" (término que ha desplazado al de cirrosis cardíaca) inicia un proceso de "estancamiento" del flujo sanguíneo dentro del hígado con distensión o hinchazón de los canales vasculares (también llamado edema sinusoidal) ocasionando que las células modifiquen su arquitectura y su oxigenación (difusión de O2) y que finalmente condicionan fibrosis hepática.


Así podemos hablar de varios padecimientos, desde una hepatitis isquémica, asociada a procesos sistémicos graves que condicionan falta de perfusión de los tejidos por bajo gasto cardíaco; algunas enfermedades por depósito como la Enfermedad de Wilson (exceso de cobre) y la Hemocromatosis (exceso de hierro) que afectan ambos órganos por separado; hasta la adicción al alcohol, que ha cobrado más vidas de distintas formas que cualquier otra adicción en la historia de la humanidad.


Dicen que a veces hay que destruir el hígado para sanar el corazón, no dejemos de considerar esta frase en sentido figurativo y entendamos la importante relación que existe entre ambos órganos y lo trascendental de hablarnos de tú como pacientes y como médicos... con hígado y corazón.

 

Dr. Eduardo Hernández
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