¿Qué es el síndrome cardio-renal-hepático metabólico y por qué es relevante?
- Escrito por Dr. Jorge Luis Poo
- Publicado en Hígado Graso Metabólico
Corazón, riñones, hígado y metabolismo no trabajan por separado. En los últimos años ha surgido una nueva manera de entender enfermedades que con frecuencia aparecen juntas —obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad renal crónica, enfermedad cardiovascular y Enfermedad Hepática por Esteatosis Metabólica (en adelante abrevado como EHEM)— como manifestaciones conectadas de un mismo proceso biológico. Este enfoque puede ayudarnos a detectar antes el daño, tratar varios órganos al mismo tiempo y evitar que el paciente reciba una atención fragmentada.
1. Historia de este nuevo síndrome
Durante décadas, la medicina estudió por separado la obesidad, la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la insuficiencia cardiaca, la enfermedad renal crónica y la enfermedad hepática grasa. Esa separación fue útil para desarrollar especialidades y tratamientos muy específicos, pero tiene una limitación: en la vida real, estas enfermedades suelen coexistir en la misma persona y comparten mecanismos como resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado, alteraciones de los lípidos y depósito de grasa en órganos donde normalmente no debería acumularse. La Dra. Angeliki Angelidi y colaboradores, de la División de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo del hospital Beth Israel Deaconess Medical Center de la Escuela de Medicina de Harvard, subrayaron en el año 2024, que esta comunicación entre órganos es bidireccional y que la multimorbilidad metabólica requiere una mirada multidisciplinaria. Su trabajo lo publicaron en la prestigiosa revista Metabolism. [1]
Del síndrome metabólico al CKM
El antecedente inmediato es el síndrome cardiovascular-riñón-metabólico (abreviado como CRM, a nivel internacional conocido por las siglas en inglés CKM, de Cardiovascular-Kidney-Metabolic). En 2023 la American Heart Association (en adelante abreviado como AHA) formalizó este concepto para describir la interacción entre factores metabólicos, enfermedad renal y sistema cardiovascular. El modelo propuso una estadificación de 0 a 4, desde personas sin factores de riesgo hasta pacientes con enfermedad cardiovascular clínica. Los doctores Nikolaos Theodorakis y María Nikolaou, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas (Grecia) recuerdan que este paso fue importante porque dejó de considerar al corazón y al riñón como víctimas independientes de la diabetes o de la obesidad y los colocó dentro de un continuo fisiopatológico. [2]
La ampliación al hígado
Sin embargo, el modelo CRM/CKM original no incorporó de manera explícita al hígado. Esto resulta llamativo porque la EHEM —denominada MASLD en la literatura internacional— es una de las manifestaciones más frecuentes de la disfunción metabólica. En agosto de 2024, Angelidi y colaboradores publicaron en Metabolism un editorial que propuso que el concepto evolucionara hacia un síndrome cardio-renal-hepático-metabólico (en adelante abreviado como síndrome CRHM). Meses después, Theodorakis y Nikolaou desarrollaron formalmente un marco ampliado en Biomolecules (febrero de 2025), al que denominaron Cardiovascular-Renal-Hepatic-Metabolic syndrome (CRHM). [1,2]
La propuesta no significa que haya aparecido una enfermedad completamente nueva. Lo novedoso es la forma de ordenar problemas ya conocidos: reconocer que el exceso de tejido adiposo, la resistencia a la insulina, la inflamación y las alteraciones vasculares pueden lesionar en paralelo al corazón, los riñones y el hígado. En este esquema, la EHEM no es únicamente una consecuencia del síndrome metabólico; también puede participar en un círculo de inflamación, lipotoxicidad y alteración del metabolismo que favorece daño cardiovascular y renal. [1,2]
¿Qué sociedades lo promueven y cuál ha sido la respuesta internacional?
Conviene hacer una distinción. La AHA es la sociedad que impulsó oficialmente el síndrome CRM/CKM en 2023, pero el CRHM con inclusión explícita del hígado sigue siendo un marco ampliado propuesto por investigadores y no una denominación universalmente adoptada por todas las sociedades científicas. Las guías europeas EASL-EASD-EASO de 2024 sí incorporan criterios cardiometabólicos al diagnóstico y manejo de la EHEM/MASLD, lo cual converge conceptualmente con esta visión integral, aunque no equivale a haber adoptado formalmente el nombre CRHM. [2]
La respuesta internacional ha sido progresiva. El editorial de Angelidi y colaboradores pidió colaboración entre endocrinología, cardiología, nefrología, hepatología y atención primaria. Theodorakis y Nikolaou propusieron después una definición, estadificación y evaluación integral. Finalmente, el estudio multicéntrico de Zhou, Chen, Fan y el VCTE-Prognosis Study Group, publicado en Hepatology en 2026, aportó evidencia clínica en 12,097 pacientes con EHEM: cuanto más avanzado era el estadio CKM, mayor era la fibrosis hepática y su progresión. Así, una propuesta conceptual comenzó a recibir respaldo de datos clínicos internacionales. [1-3]

Figura 2. Interacción fisiopatológica propuesta para el síndrome CRHM. Adaptada visualmente de la Figura 2 de Theodorakis y Nikolaou. [2]
2. Epidemiología: ¿qué tan frecuente es?
Todavía no existe una cifra única de prevalencia mundial del síndrome CRHM porque su definición ampliada es reciente y aún no cuenta con criterios diagnósticos universales. Por ello, los autores estiman su magnitud a partir de las enfermedades que lo componen. La obesidad es uno de sus principales motores: Angelidi y colaboradores señalan que, para 2016, más de 1,900 millones de adultos tenían sobrepeso y más de 650 millones obesidad; en Estados Unidos la obesidad alcanzaba 41.9% de los adultos y en varios países europeos afectaba aproximadamente a uno de cada cuatro. [1] En México, se estima que el 37% de la población adulta padece obesidad (el 41% de las mujeres y el 33% de los hombres). [4]
La EHEM es igualmente frecuente. Zhou y colaboradores recuerdan que afecta a más de un tercio de los adultos en el mundo. Theodorakis y Nikolaou señalan, además, que entre las personas con EHEM son muy comunes otros componentes cardiometabólicos: alrededor de 90% presenta sobrepeso u obesidad, cerca de 60% prediabetes o diabetes tipo 2, aproximadamente 85% prehipertensión o hipertensión, 75% hipertrigliceridemia y 60% colesterol HDL bajo. Estas cifras explican por qué el hígado difícilmente puede estudiarse aislado del resto del metabolismo. [2,3]
Grupos de mayor riesgo
- Personas con sobrepeso, obesidad o acumulación de grasa abdominal.
- Pacientes con prediabetes o diabetes tipo 2.
- Personas con hipertensión arterial, hipertrigliceridemia o colesterol HDL bajo.
- Pacientes con EHEM/MASLD, especialmente si ya existe fibrosis.
- Personas con enfermedad renal crónica, insuficiencia cardiaca o enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
- Adultos mayores y personas con varios factores de riesgo simultáneos.
- Niños y adolescentes con obesidad: los autores advierten que el problema metabólico puede comenzar desde etapas tempranas de la vida. [1,2]
El mensaje epidemiológico más importante no es memorizar un porcentaje, sino reconocer la acumulación de riesgos. Una persona con obesidad abdominal, hipertensión y glucosa elevada no tiene tres problemas independientes: puede estar recorriendo un mismo continuo de enfermedad multiorgánica.
3. Factores de riesgo: del tejido adiposo a la comunicación entre órganos
El punto de partida propuesto con mayor frecuencia es el tejido adiposo excesivo o disfuncional. Cuando la capacidad de almacenar grasa de manera relativamente segura en el tejido subcutáneo se rebasa, aumenta el depósito ectópico: grasa visceral y grasa dentro del hígado, músculo, corazón, vasos y, en cierta medida, alrededor o dentro del riñón. Esa distribución anormal favorece resistencia a la insulina, alteraciones de los lípidos y una respuesta inflamatoria persistente. [1,2]
Moléculas y mecanismos involucrados
Los tres artículos describen una verdadera conversación bioquímica entre órganos. El tejido adiposo libera adipocinas; el hígado, hepatocinas y metabolitos; distintos tejidos producen citocinas proinflamatorias; y existen péptidos, lípidos, metabolitos y vesículas como los exosomas capaces de transportar señales a distancia. El resultado puede ser una inflamación crónica de bajo grado —también llamada metainflamación—, estrés oxidativo, menor sensibilidad a la insulina, disfunción endotelial y activación neurohormonal. A esto se suman fenómenos hemodinámicos como hipoperfusión y congestión, particularmente cuando ya existe insuficiencia cardiaca o enfermedad renal. [1,2]
Esta comunicación es bidireccional. La enfermedad renal puede agravar la enfermedad cardiovascular; la insuficiencia cardiaca puede congestionar el hígado; la EHEM y, sobre todo, su progresión a esteatohepatitis metabólica (MASH), pueden amplificar la resistencia a la insulina y la inflamación sistémica; y la fibrosis hepática puede coexistir con mayor daño cardiovascular y renal. El síndrome se comporta, por tanto, como una red de retroalimentación más que como una cadena lineal. [1-3]
Genes, epigenética y microARN
La susceptibilidad individual también tiene un componente genético y epigenético. Theodorakis y Nikolaou señalan que personas con grados similares de adiposidad pueden tener evoluciones metabólicas muy diferentes y atribuyen parte de esa variabilidad a predisposición genética, modificaciones epigenéticas, edad, sexo, ambiente y estilo de vida. [2] Es importante no ir más allá de lo que demuestran estos tres trabajos: ninguno propone un panel específico de genes ni un conjunto de microARN como criterio diagnóstico del CRHM. Por ahora, genes, epigenética, exosomas y otras señales moleculares son áreas de investigación que ayudan a explicar susceptibilidad y comunicación interorgánica, pero no son pruebas de rutina para diagnosticar el síndrome.
Poblaciones afectadas
El síndrome no pertenece a un solo sexo ni a una sola edad. El riesgo aumenta con la edad y con la acumulación de enfermedades, pero la epidemia de obesidad en niños y adolescentes indica que el proceso puede comenzar décadas antes de que aparezcan infarto, cirrosis o insuficiencia renal. También influyen tabaquismo, sedentarismo, alimentación, alcohol, sueño, estrés crónico y exposiciones ambientales. Los autores subrayan además que futuras recomendaciones deberán considerar diferencias geográficas, genéticas, epigenéticas, ambientales y culturales, en especial en regiones fuera de Norteamérica y Europa. [1,2]
4. Criterios diagnósticos: ¿cómo se reconoce?
Actualmente no existe una prueba única que diga «usted tiene tiene un Síndrome Metabólico CRH». La propuesta es evaluar al paciente de manera integral y clasificar la presencia y gravedad de sus componentes. El modelo de Theodorakis y Nikolaou adapta la estadificación CKM e incorpora explícitamente la EHEM y la fibrosis hepática. En términos sencillos, el riesgo progresa desde una persona sin factores (estadio 0), pasa por exceso o disfunción del tejido adiposo (estadio I), continúa con factores metabólicos, enfermedad renal o EHEM temprana (estadio II), llega a enfermedad cardiovascular subclínica o equivalentes de alto riesgo —entre ellos EHEM con fibrosis F2-F4— (estadio III), y culmina con enfermedad cardiovascular clínica, con o sin insuficiencia renal terminal o cirrosis (estadio IV). [2]
Evaluación clínica
- Peso, índice de masa corporal y circunferencia de cintura.
- Presión arterial y antecedentes de hipertensión.
- Historia de diabetes, enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardiaca y enfermedad renal.
- Hábitos de alimentación, actividad física, tabaquismo, alcohol, sueño y medicamentos.
- Búsqueda de signos de enfermedad hepática o de congestión, así como síntomas cardiovasculares y renales. [1,2]
Evaluación bioquímica
La evaluación básica debe incluir glucosa en ayuno y/o hemoglobina glucosilada (HbA1c), perfil de lípidos —triglicéridos, colesterol HDL y LDL—, creatinina con estimación del filtrado glomerular, relación albúmina/creatinina en orina y pruebas hepáticas como ALT y AST. En el componente hepático, índices no invasivos como FIB-4 pueden ayudar a seleccionar a quienes necesitan una evaluación más profunda de fibrosis. [2] En aquellos con FIB4 elevado debe realizarse una prueba llamada elastografía hepática que permite estimar, sin bopsia, el grado de fibrosis (cicatrices) en el hígado. La fibrosis se cuantifica del 1 al 4 (F1-F4) siendo la F4 equivalente a la cirrosis hepática. A mayor fibrosis es peor el pronóstico de vida y existe mayor frecuencia de complicaciones.
Otros estudios
Según el riesgo, pueden utilizarse electrocardiograma, ecocardiograma y estudios para detectar aterosclerosis subclínica; en el riñón, evaluación de albuminuria y filtrado glomerular; y en el hígado, ultrasonido, elastografía hepática o, en casos seleccionados, biopsia. No todos los pacientes necesitan todas las pruebas: el principio es escalar la evaluación según los hallazgos clínicos y bioquímicos. [2]
En EHEM, la fibrosis merece especial atención. Zhou y colaboradores estudiaron 12,097 pacientes y observaron fibrosis avanzada por elastografía en 9.6% de los pacientes CKM 0-1, 18.0% en CKM 2 y 31.6% en CKM 3-4. En el subgrupo con biopsia, la fibrosis F3-F4 aumentó de 22.8% a 32.4% y 55.3%, respectivamente. Los estadios CKM más altos también se asociaron de manera independiente con mayor progresión de la rigidez hepática y, en los estadios 3-4, con más eventos relacionados con el hígado. [3]

Figura 3. Prevalencia de fibrosis avanzada según estadio CKM, evaluada por elastografía (izquierda) y biopsia (derecha). Extraída de Zhou y colaboradores. [3]
5. Tratamiento: tratar al paciente, no solamente a un órgano
La principal consecuencia práctica del concepto CRHM es terapéutica. Si los órganos comparten mecanismos, algunas intervenciones pueden ofrecer beneficios simultáneos. Esto no significa que todos los pacientes deban recibir los mismos medicamentos, sino que cada decisión debe considerar el conjunto de riesgos cardiovasculares, renales, hepáticos y metabólicos. [1,2]
La base: estilo de vida y control de factores de riesgo
La alimentación saludable, el ejercicio regular, la reducción de peso cuando existe sobrepeso u obesidad, el abandono del tabaco, la moderación o evitación del alcohol según la condición hepática, el cuidado del sueño y la salud mental siguen siendo la base. Angelidi y colaboradores insisten en la participación activa del paciente y en que el tratamiento debe incluir educación, objetivos realistas y seguimiento. También deben tratarse de manera rigurosa la presión arterial, la glucosa y los lípidos. [1]
Medicamentos con beneficio en más de un órgano
En los últimos años han adquirido especial relevancia los inhibidores de unos receptores celulares llamados SGLT2 (que bloquean la reabsorción de la glucosa en los túbulos renales), los agonistas del receptor GLP-1 (un péptido similar al glucagón tipo 1, en inglés Glucagon-Like Peptide-1), los agonistas duales GIP/GLP-1 (GIP significa Péptido Insulinotrópico Dependiente de Glucosa, o en inglés Glucose-dependent Insulinotropic Polypeptide) y la finerenona, porque diferentes ensayos han mostrado beneficios en combinaciones de diabetes, obesidad, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal y riesgo cardiovascular. Las dos primeras moléculas tienen como función principal estimular la liberación de insulina para controlar los niveles de azúcar en la sangre. Theodorakis y Nikolaou destacan que estos fármacos están difuminando las fronteras tradicionales entre cardiología, endocrinología y nefrología. En EHEM/MASH, además, resmetirom representa una terapia específicamente dirigida al hígado en pacientes seleccionados con fibrosis, mientras que las terapias incretínicas continúan ampliando su evidencia hepática. [1,2] En México, la molécula que ha demostrado reducción de la fibrosis hepática en pacientes con cirrosis hepática compensada se llama Pirfenidona de liberación prolongada (LP), la cual se comercializa como Kitoscell LP. Esta molécula se encuentra autorizada por la COFEPRIS y está disponible en el cuadro básico de medicamentos del sector salud de México y que actualmente se le conoce como Compendio Nacional de Insumos para la Salud. En artículos anteriores hemos compartido las evidencias científicas de eficacia y seguridad de esta molécula, en este mismo portal informativo para pacientes: https://amhigo.com/actualidades/ultimas-noticias/53-fibrosis-hepatica/2289-pirfenidona-una-opcion-prometedora-para-frenar-la-fibrosis-hepatica-en-la-esteatohepatitis-metabolica
Debe evitarse una interpretación simplista: que un fármaco tenga efectos beneficiosos en varios órganos no significa que sea apropiado para toda persona con CRHM. La indicación depende del diagnóstico concreto, función renal, grado de fibrosis hepática, diabetes, enfermedad cardiovascular, tolerancia, contraindicaciones y objetivos del paciente. El tratamiento debe individualizarse y coordinarse entre los médicos involucrados.
¿Por qué vigilar especialmente el hígado?
El trabajo de Zhou y colaboradores aporta una razón muy concreta: en personas con EHEM, el avance del estadio CKM identifica a un grupo con mayor probabilidad de fibrosis avanzada y progresión de la rigidez hepática. Por ello, los autores proponen integrar la evaluación y vigilancia de fibrosis en la atención rutinaria de los pacientes con EHEM y estadios CKM avanzados. También señalan que terapias basadas en incretinas y los inhibidores SGLT2 son prometedoras para mejorar simultáneamente desenlaces hepáticos y cardiorrenales, aunque la evidencia y las indicaciones continúan evolucionando. [3]

Figura 4. Opciones terapéuticas emergentes en distintos componentes del espectro CRHM. Extraída de la Figura 3 de Theodorakis y Nikolaou. [2]
Una nueva forma de mirar enfermedades conocidas
El síndrome cardio-hepático-renal metabólico es, por ahora, un marco clínico en evolución. Su mayor valor no está en crear una nueva etiqueta, sino en recordarnos que el cuerpo funciona como una unidad. Un paciente con diabetes, EHEM, hipertensión y deterioro renal no debería recibir cuatro historias clínicas independientes: necesita una estrategia común que identifique qué mecanismos comparte, qué órgano está en mayor riesgo y qué intervenciones pueden protegerlo de manera integral.
Los trabajos de Angelidi y colaboradores, Theodorakis y Nikolaou, y Zhou y colaboradores representan tres momentos complementarios: primero, la llamada a abandonar la atención fragmentada; después, la propuesta de incorporar formalmente al hígado dentro del continuo cardio-renal-metabólico; y finalmente, evidencia clínica internacional que relaciona los estadios CKM con fibrosis y eventos hepáticos en EHEM. [1-3]
Para los pacientes de Amigos del Hígado, el mensaje es sencillo: cuidar el hígado también significa cuidar el corazón, los riñones, el peso, la presión arterial, la glucosa y los lípidos. Y a la inversa, proteger la salud cardiovascular y renal puede ayudar a modificar el entorno metabólico que favorece la progresión de la enfermedad hepática. El enfoque integral permite detectar antes, intervenir mejor y acompañar al paciente como una persona completa, no como una suma de órganos.
Nota para pacientes: este artículo es informativo y no sustituye una valoración médica individual. Los estudios y medicamentos deben seleccionarse según las características de cada persona y por un médico especialista certificado.
Referencias:
- Angelidi AM, Sanoudou D, Hill MA, Mantzoros CS. Management of patients with the cardio renal liver metabolic syndrome: The need for a multidisciplinary approach in research, education and practice. Metabolism. 2024;159:155997. doi:10.1016/j.metabol.2024.155997.
- Theodorakis N, Nikolaou M. From Cardiovascular-Kidney-Metabolic Syndrome to Cardiovascular-Renal-Hepatic-Metabolic Syndrome: Proposing an Expanded Framework. Biomolecules. 2025;15(2):213. doi:10.3390/biom15020213.
- Zhou XD, Chen QF, Fan QY, et al; VCTE-Prognosis Study Group. Cardiovascular-kidney-metabolic syndrome and the risk of liver fibrosis progression and liver-related events in MASLD. Hepatology. 2026;84:529-541. doi:10.1097/HEP.0000000000001645.
- Barquera S, et al. Obesidad en adultos. En: Instituto Nacional de Salud Pública. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) Continua 2020-2023. Cuernavaca: INSP; 2024 [citado 2026 sep 08]. Disponible en: https://portal.insp.mx/avisos/alrededor-de-37-de-personas-adultas-en-mexico-viven-con-obesidad
Promoviendo la salud en pacientes con enfermedades hepáticas: www.amhigo.com