Investigación en lácteos, una agenda pendiente que Lala busca abrir
- Escrito por Mtra. Maribel Ramírez Coronel
- Publicado en Expertos
En la última década el consumo de leche y productos lácteos ha venido cayendo en México por factores socioeconómicos, sustitución por bebidas azucaradas y, sobre todo, por decisiones tomadas con información incompleta o desactualizada. El último estudio nacional amplio sobre prevalencia de intolerancia a la lactosa data de 2016. Desde entonces, el mercado ha cambiado, las opciones de productos se han multiplicado y la ciencia ha avanzado, pero la conversación pública sigue anclada en mitos.
Históricamente, el consumo de lácteos ha caído de forma muy marcada si se compara con los picos que se alcanzaban en los años 70. En este rubro vivimos una paradoja económica: somos un gran productor, pero un consumidor pequeño. Entre las razones: competencia de otras bebidas (como refrescos y otras bebidas adicionadas), precios no competitivos, factores sociodemográficos y mitos en torno a la leche.
México es el 14o productor mundial de leche bovina y representa cerca del 2% de la producción global, según el Compendio de Estadísticas del Sector Lácteo 2014-2024 de la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (Canilec). Sin embargo, el consumo per cápita apenas alcanza los 131.4 litros al año (250 ml diarios), muy por debajo de los 188 litros recomendados por la FAO y los 150 litros mínimos que marca la OMS. Esta brecha no solo refleja un problema de nutrición pública: representa una oportunidad de investigación y desarrollo que el país ha dejado pasar.

Grupo Lala, uno de los principales productores del país, ha decidido tomar la iniciativa. Bajo el Instituto de Nutrición y Salud Lala, que encabeza Mary Carmen Mondragón, nutricionista con sólida formación en Nutrición y Ciencia de los Alimentos. Ella nos comparte que el instituto se está reconfigurando con vías a ser centro de investigación científica sobre la leche y los lácteos, con el objetivo de generar evidencia propia y en colaboración con universidades. Su agenda incluye propiedades funcionales de los productos, absorción real de calcio, comportamiento de la lactosa en mexicanos y beneficios específicos en etapas clave de la vida, como la menopausia.
Los datos del sector refuerzan la urgencia. Según CANILEC, la producción nacional de leche bovina creció de 6,141 millones de litros en 1990 a 13,333 millones en 2023, con un crecimiento promedio anual de 2.44%. Jalisco, Coahuila, Durango y Chihuahua concentran más de la mitad de la producción. Sin embargo, las importaciones siguen siendo relevantes, especialmente en leche en polvo y quesos, y el consumo interno no acompaña el potencial productivo del país.
Uno de los grandes malentendidos que frena el consumo es el de la lactosa. El investigador Jorge L. Rosado, en su artículo publicado en la Gaceta Médica de México (2016), documentó que la deficiencia primaria de lactasa afecta a 30 % de adultos mexicanos cuando consumen un vaso de leche (12-18 g de lactosa). Sin embargo, la intolerancia sintomática real con esa misma dosis ocurre en menos del 15% de adultos. Estudios posteriores, como el de Stephan Peters, Jan Geurts y Thom Huppertz publicado en Voeding Magazine (2024), confirman que la mala digestión es común, pero los síntomas no siempre aparecen. La mayoría de las personas con mala digestión toleran entre 10 y 15 gramos de lactosa por toma —equivalente a un vaso de leche— sin molestias. Además, yogur y quesos maduros suelen ser bien tolerados porque las bacterias lácticas convierten la lactosa o porque el producto ya contiene muy poca.
El mercado actual ofrece soluciones: leche deslactosada, yogures fermentados y productos con lactosa hidrolizada. Eliminar los lácteos por completo, dice Mondragón, quien fue fundadora y directora de la carrera de Nutrición en la Universidad Anáhuac, significa renunciar a la mejor fuente biodisponible de calcio, proteínas de alto valor biológico, vitamina A y D —nutrientes especialmente críticos en adultos mayores y en mujeres en etapa de menopausia.
El cuerpo -explica- acumula calcio hasta los 30 años; después solo lo extrae de los huesos cuando hay carencia. Las mujeres en perimenopausia y menopausia enfrentan una pérdida ósea acelerada por la caída de estrógenos. Mantener el consumo de lácteos —adaptado a la tolerancia individual— es una herramienta para mitigar ese riesgo. El Instituto Lala ya está apoyando iniciativas como el Foro Plenilunia en mi Menopausia y la cumbre de menopausia de la Asociación Sin Reglas, y busca alianzas con especialistas en nutrición femenina y ginecología.
Esa visión de vincular investigación, academia, autoridades reguladoras y empresas, coincide con el Plan México, que busca fortalecer capacidades científicas nacionales, cerrar brechas de conocimiento aplicadas a problemas reales de la población y articular esfuerzos público-privados para mejorar la nutrición de los mexicanos y la competitividad del sector agroindustrial.
México necesita actualizar sus datos locales sobre tolerancia a la lactosa, absorción de nutrientes y efectos de los lácteos en diferentes etapas de la vida. No se trata de promover consumo indiscriminado, sino de tomar decisiones informadas. El Instituto de Nutrición y Salud Lala, con el liderazgo de Mondragón, está posicionado para aportar parte de esa agenda. Si el país logra articular esta investigación con políticas públicas y con la oferta de productos adaptados que ya existe en el mercado, podría ser en favor de la salud de la población y un sector lácteo más fuerte, competitivo y alineado con las necesidades reales del país.
Escrito por: Maribel Ramírez Coronel.
maribel.coronelleconomista.mx