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¿Cómo la cirrosis altera una hormona clave para conservar la masa muscular?

Introducción 

La sarcopenia es una enfermedad del músculo esquelético caracterizada por la disminución de la fuerza y la masa muscular, que puede llegar a afectar el rendimiento físico. Aunque originalmente se relacionaba principalmente con la pérdida de músculo durante el envejecimiento, actualmente se reconoce que también puede presentarse en personas más jóvenes y estar asociada con distintas enfermedades o condiciones.

Particularmente en personas con cirrosis, la sarcopenia se desarrolla por una combinación de factores que favorecen la pérdida de músculo y dificultan su recuperación. La enfermedad puede reducir el apetito y la ingesta de alimentos, dificultar la absorción de nutrientes y alterar la forma en que el organismo obtiene energía, haciendo que recurra con mayor facilidad a las proteínas musculares. A esto se suman alteraciones propias de la cirrosis, como la hipertensión portal, la acumulación de amoníaco y la inflamación, que interfieren con la formación y conservación del músculo. También contribuye a una menor actividad física causada por complicaciones como fatiga, edema o ascitis. Especialmente en los hombres, los bajos niveles de testosterona pueden favorecer aún más la pérdida muscular. Como se muestra a continuación, estos mecanismos están relacionados entre sí y terminan generando un desequilibrio entre la formación y la degradación del músculo, favoreciendo el desarrollo de sarcopenia.

Figura 1

Fig 1. Fisiopatología de la sarcopenia en la cirrosis. Elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de información de Tan et al. (2026). Figura 1.

Por su parte, la testosterona desempeña un papel importante en el mantenimiento y crecimiento del músculo. Al unirse al receptor de andrógenos (AR) presente en las células musculares, activa diferentes mecanismos que favorecen la formación de tejido muscular. Entre ellos se encuentran vías relacionadas con IGF-1 y mTOR, que participan en la síntesis de proteínas y el crecimiento muscular, además de la activación de las células satélite, fundamentales para la reparación y formación de nuevas fibras musculares. Por otro lado, la testosterona ayuda a limitar la degradación muscular al disminuir la actividad de proteínas como atrogin-1 y MuRF-1. Cuando sus niveles son bajos, este equilibrio puede alterarse: disminuyen las señales que favorecen el crecimiento y aumentan los mecanismos de degradación, contribuyendo así al desarrollo de sarcopenia.

figura 2

Fig 2. Mecanismos moleculares en el desarrollo de la sarcopenia. Elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de información de Shigehara et al. (2022). Figura 2.

Ahora bien, la prevalencia de sarcopenia en personas con cirrosis se encuentra entre el 40 y el 70 %, mientras que la fragilidad afecta entre el 18 y el 43 %. Debido a su impacto en la evolución de la enfermedad, se han estudiado distintas estrategias para mejorar la condición física de estos pacientes. Por ejemplo, el ejercicio ha demostrado aumentar la fuerza muscular hasta en un 13 %, mientras que la suplementación con testosterona en hombres con cirrosis y niveles bajos de esta hormona se ha asociado con un aumento de aproximadamente 1.7 kg en la masa muscular de las extremidades.

Por lo tanto, Vinod Arora y colaboradores, del Instituto de Ciencias Hepáticas y Biliares, del profesor Shiv Kumar Sarin, en Nueva Deli, realizaron un ensayo clínico aleatorizado para evaluar si añadir testosterona a una intervención basada en nutrición y ejercicio estructurado podría potenciar sus beneficios y lograr una mejoría más rápida y significativa de la masa muscular en pacientes con cirrosis. El estudio fue publicado en la revista Hepatology International.

Objetivo general

Estudiar los efectos de la adición de testosterona intramuscular a la terapia combinada de nutrición adecuada y ejercicio sobre la mejora de la masa muscular en hombres con cirrosis hepática y sarcopenia establecidas.

Objetivos específicos

  • Evaluar un aumento en el índice de músculo esquelético apendicular de más del 10 % en el grupo de intervención (NExT) en comparación con el grupo de control (NEx) al final de las 24 semanas.
  • Evaluar cambios en fuerza muscular mediante una prueba de agarre de la mano y la capacidad física a través de la distancia que los participantes podían caminar durante seis minutos.
  • Analizar cambios en la composición corporal (densitometría ósea DEXA) y parámetros bioquímicos (amoníaco sérico, HbA1c, TNF- α ).
  • Evaluar aspectos clínicos relevantes, como la necesidad de hospitalización, la gravedad de la enfermedad hepática y la mortalidad.

Metodología

Participantes

Personas de 18 a 50 años con cirrosis hepática diagnosticada y presencia de sarcopenia. Se excluyeron pacientes con enfermedades o condiciones que pudieran aumentar el riesgo del tratamiento con testosterona, como ciertos tipos de cáncer, enfermedad hepática avanzada o aguda, problemas cardiovasculares graves, enfermedad renal y trastornos de la coagulación. 

La sarcopenia se identificó mediante una prueba DEXA, que permitió medir la masa muscular de brazos y piernas. De acuerdo con los criterios establecidos para su diagnóstico, se consideró sarcopenia cuando este valor fue inferior a 7.0 kg/m² en hombres y 5.4 kg/m² en mujeres.

Protocolo de testosterona

A partir de estudios previos y considerando posibles pérdidas durante el seguimiento, los investigadores calcularon que era necesario incluir al menos 100 participantes. Estos fueron asignados aleatoriamente a uno de dos grupos de intervención.

Los participantes del primer grupo recibieron durante 24 semanas el tratamiento médico estándar junto con una intervención combinada de nutrición y ejercicio (NEx). Por su parte, los varones asignados al segundo grupo recibieron las mismas intervenciones, pero con la adición de undecanoato de testosterona 1000 mg,  mediante inyecciones intramusculares (NExT) a las semanas 0, 6, 12, 16, 20 y 24. La administración y los niveles de esta hormona fueron supervisados periódicamente y se realizaron pruebas para vigilar posibles efectos adversos y garantizar la seguridad de los participantes.

De esta manera, los investigadores pudieron evaluar si añadir testosterona a la intervención de nutrición y ejercicio proporcionaba un beneficio adicional sobre la masa muscular.

Tratamiento médico estándar (TME)

Durante el estudio, todos los participantes continuaron recibiendo el tratamiento médico habitual para la cirrosis y sus complicaciones, de acuerdo con sus necesidades. Sin embargo, los investigadores no realizaron un seguimiento detallado del tipo, la dosis y la duración de estos medicamentos durante las 24 semanas del estudio.

 Terapia nutricional

Todos los participantes siguieron durante 24 semanas un programa estructurado de nutrición y ejercicio. El plan nutricional fue diseñado de acuerdo con las recomendaciones de la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) e incluyó una ingesta diaria de 35 a 40 kcal y de 1.2 a 1.5 g de proteína por kilogramo de peso corporal. Para dar seguimiento a la alimentación, los investigadores realizaron recordatorios de 24 horas sobre los alimentos y bebidas consumidos por los participantes.

El programa de ejercicio se llevó a cabo en el centro de rehabilitación hepática Li-Hab e incluyó entrenamiento aeróbico y de resistencia. Durante las primeras cuatro semanas, los participantes realizaron dos sesiones supervisadas por semana, que posteriormente aumentaron a cuatro sesiones semanales durante las siguientes 20 semanas. Además, realizaron 30 minutos de ejercicio en casa al menos cinco días a la semana, con seguimiento telefónico por parte del equipo de investigación.

Criterios para suspender la terapia con testosterona

Se vigiló la seguridad del tratamiento mediante el registro de posibles eventos adversos. En caso de presentar intolerancia o hipersensibilidad a la testosterona, el tratamiento era suspendido.

Antropometría 

Para evaluar el estado nutricional y los cambios corporales de los participantes, los investigadores midieron parámetros como la altura, el peso, el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia del brazo. Debido a que las personas con cirrosis pueden presentar acumulación de líquidos, se utilizó el peso seco estimado, es decir, el peso corporal considerando la ausencia de ascitis y edema. Además, algunas mediciones se realizaron tres veces y se utilizó su promedio para obtener resultados más precisos.

Composición corporal 

Se evaluó mediante DEXA al inicio del estudio y después de 24 semanas, lo que permitió determinar los cambios en la masa muscular de los participantes. Para reducir posibles sesgos, las imágenes fueron analizadas por técnicos que desconocían a qué grupo pertenecía cada participante y si las mediciones correspondían al inicio o al final del estudio. De manera similar, quienes evaluaron la fuerza de agarre y la capacidad para caminar durante seis minutos desconocían el tratamiento recibido por los participantes.

Control de ascitis/edema

Debido a que la acumulación de líquidos asociada con la cirrosis puede alterar las mediciones de composición corporal, la evaluación mediante DEXA se realizó cuando los participantes presentaban un estado de hidratación estable. En aquellos que aún tenían acumulación de líquido abdominal, los investigadores realizaron ajustes para evitar que este se contabilizara como parte de la masa corporal.

La fuerza muscular se evaluó mediante una prueba de agarre con un dinamómetro, un dispositivo que mide la fuerza ejercida al apretar con la mano. Por otra parte, la fragilidad se determinó mediante el Índice de Fragilidad Hepática (IFH), que considera tres componentes: la fuerza de agarre, la capacidad para levantarse cinco veces de una silla y el equilibrio. De acuerdo con la puntuación obtenida, los participantes fueron clasificados como robustos (LFI <3.2), prefrágiles (3.2–4.5) o frágiles (≥4.5).

Parámetros hematológicos y bioquímicos

Durante el seguimiento se realizaron análisis de sangre para evaluar la función hepática y renal, los niveles de testosterona y otros indicadores relacionados con el estado metabólico e inflamatorio de los participantes. Estas evaluaciones, junto con una valoración clínica, se realizaron al inicio y se repitieron durante el estudio, incluyendo las semanas 12 y 24.

Cumplimiento de la nutrición y el ejercicio

Durante el estudio, los investigadores dieron seguimiento al cumplimiento de las recomendaciones de nutrición y ejercicio. Se consideró adecuada la adherencia al plan nutricional cuando los participantes alcanzaban al menos el 80 % de las metas de calorías y proteínas establecidas. En cuanto al ejercicio, se recomendaron 150 minutos semanales y se estableció un mínimo de 90 minutos por semana para considerar que el participante cumplía con el programa.

Análisis estadístico

Para determinar si existían diferencias entre ambos grupos, los investigadores compararon los cambios observados a lo largo de las 24 semanas en la masa muscular, la fuerza de agarre, la capacidad física, el índice de fragilidad y otros indicadores clínicos y bioquímicos.

El análisis principal se realizó considerando a todos los participantes dentro del grupo al que fueron asignados originalmente, independientemente de su adherencia a la intervención. Adicionalmente, se realizó un segundo análisis que consideró únicamente a quienes cumplieron con los criterios mínimos establecidos de nutrición y ejercicio.

Para evaluar los cambios a lo largo del tiempo y las diferencias entre los grupos se utilizaron distintas pruebas estadísticas de acuerdo con el tipo de variable analizada. También se realizaron análisis ajustados por factores como la edad y la gravedad inicial de la enfermedad hepática. Se consideraron estadísticamente significativos los resultados con un valor de p menor a 0.05.

Resultados

En total, 127 pacientes con cirrosis (de 45 a 55 años) y sarcopenia fueron incluidos en el ensayo y asignados aleatoriamente a uno de los dos grupos: 64 recibieron nutrición, ejercicio y testosterona (NExT), mientras que 63 recibieron únicamente nutrición y ejercicio (NEx). Al finalizar las 24 semanas, 102 participantes habían completado el estudio según el protocolo, 50 en el grupo NExT y 52 en el grupo NEx. Al inicio, ambos grupos presentaban características similares en aspectos como edad, gravedad de la enfermedad hepática y masa muscular, lo que permitió realizar una comparación más adecuada de los efectos de las intervenciones.

Resultado primario

  1. Mejora del índice de músculo esquelético apendicular (aSMI) en ≥ 10 % al final de las 24 semanas de intervención. 
    1. La adición de testosterona produjo una diferencia clara en el resultado principal. Considerando a todos los participantes según el grupo al que fueron asignados inicialmente, el 64.1 % de quienes recibieron testosterona junto con nutrición y ejercicio (NExT) consiguió aumentar su aSMI al menos un 10 %, frente al 25.3 % del grupo que recibió únicamente nutrición y ejercicio (NEx). La diferencia fue estadísticamente significativa (p<0.001). En otras palabras, aproximadamente 6 de cada 10 pacientes del grupo con testosterona alcanzaron la mejoría establecida, frente a alrededor de 2.5 de cada 10 en el grupo de comparación.
    2. El beneficio se mantuvo al analizar únicamente a quienes completaron el protocolo. Entre estos participantes, el 66 % (33 de 50) del grupo NExT alcanzó el aumento ≥10 % del aSMI, comparado con el 25 % (13 de 52) del grupo NEx. Esto indica que la diferencia observada no dependió únicamente de cómo se manejaron los participantes que abandonaron el estudio. 

figura 3

Fig 3. Comparación de la proporción de pacientes con una mejoría ≥ 10% en el Índice de Músculo Esquelético Apendicular (IMEA) entre los dos grupos. Elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de información de Arora et al. (2026). Figura 2.

    1. La cantidad de músculo ganada también fue mayor con testosterona. Después de 24 semanas, la masa muscular total aumentó en promedio 3.74 kg en el grupo NExT, frente a 1.09 kg en el grupo NEx (p=0.003). Además, el aSMI aumentó en el grupo con testosterona, mientras que prácticamente no presentó mejoría en el grupo de comparación.

Resultados secundarios

  1. Proporción de pacientes que logran una mejora ≥ 10% en la función muscular y el rendimiento físico; composición corporal; cambios en los parámetros bioquímicos.
    1. La mejoría también se reflejó en la función y el rendimiento físico. El 92 % de los participantes que recibieron testosterona junto con nutrición y ejercicio (NExT) mejoró al menos un 10 % su fuerza de agarre, frente al 67.3 % del grupo de nutrición y ejercicio (NEx). Asimismo, el 82 % mejoró su desempeño en la prueba de caminata de seis minutos, comparado con el 63.5 % del grupo NEx.
    2. También se observaron cambios favorables en la composición corporal y algunos parámetros bioquímicos. En el grupo NExT fue más frecuente el aumento de masa libre de grasa (36 % vs. 5.7 %) y de masa muscular (34 % vs. 7.7 %), así como la reducción de grasa corporal (38 % vs. 7.7 %). Además, una mayor proporción presentó disminuciones de al menos 10 % en los niveles de amoníaco (64 % vs. 25 %) y del marcador inflamatorio TNF-α (88 % vs. 40.4 %).
    3. Estos beneficios se acompañaron de cambios clínicos relevantes. La puntuación MELD, utilizada para evaluar la gravedad de la enfermedad hepática, disminuyó más en el grupo NExT (−3.0 vs. −0.4 puntos). Además, el porcentaje de pacientes que requirió hospitalización fue menor con la adición de testosterona (18 % vs. 34.6 %).
  1. Cambios en la fuerza de agarre y en la prueba de distancia recorrida en 6 minutos durante 6 meses.
    1. Los pacientes que recibieron testosterona presentaron una mayor ganancia de fuerza. Al finalizar las 24 semanas, la fuerza de agarre había aumentado en promedio 8.8 kg en el grupo NExT, frente a 2.1 kg en el grupo NEx (p<0.001). Por lo tanto, aunque ambos grupos mejoraron, el incremento fue considerablemente mayor cuando se añadió testosterona.
    2. También se observó una diferencia importante en la capacidad para caminar. Los participantes del grupo NExT aumentaron en promedio 107.8 metros la distancia recorrida durante la prueba de seis minutos, mientras que el grupo NEx mejoró 47.0 metros (p<0.001). Esto resulta particularmente relevante porque muestra que las diferencias observadas no se limitaron a mediciones de composición corporal, sino que estuvieron acompañadas por una mayor capacidad física.

Tabla 1

Tabla 1. Cambios en la función muscular, composición corporal, antropometría y parámetros bioquímicos entre los grupos de estudio. Elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de información de Arora et al. (2026). Tabla 4.

    1. La fragilidad también mejoró en mayor medida con la adición de testosterona. El Índice de Fragilidad Hepática disminuyó de 3.98 a 3.32 en el grupo NExT, frente a una reducción de 3.93 a 3.68 en el grupo NEx. Además, el artículo reporta que una proporción considerablemente mayor de participantes del grupo NExT pasó de las categorías de fragilidad o prefragilidad a la categoría robusta.

Eventos adversos

La testosterona fue, en general, bien tolerada durante las 24 semanas, aunque los eventos adversos fueron más frecuentes en el grupo que recibió esta hormona. Los efectos que mostraron diferencias significativas fueron principalmente dolor en el sitio de inyección (22 %), síntomas urinarios (18 %) y cambios conductuales descritos como agresividad (16 %). También se registraron reacciones locales, hipertensión, náuseas y ginecomastia, aunque no todas mostraron diferencias significativas respecto al grupo de comparación. La mayoría de los eventos fueron leves y no requirieron suspender el tratamiento. Además, no se registraron complicaciones trombóticas, policitemia ni eventos relacionados con la próstata entre quienes alcanzaron niveles de testosterona por encima del rango fisiológico. Los casos de hipertensión fueron leves o moderados y ninguno requirió hospitalización o suspensión del tratamiento.

Discusión

Los resultados sugieren que añadir testosterona a una intervención estructurada de nutrición y ejercicio puede potenciar la recuperación muscular en hombres con cirrosis y sarcopenia. Los hallazgos son consistentes con investigaciones previas que habían mostrado beneficios del ejercicio y la nutrición sobre la condición física, así como aumentos de masa muscular con el uso de testosterona. Este estudio amplía esa evidencia al evaluar ambas estrategias de manera conjunta y mostrar que la testosterona podría aportar un beneficio adicional.

Este efecto podría estar relacionado con la capacidad de la testosterona para favorecer la formación y conservación del tejido muscular. Esto resulta especialmente relevante en la cirrosis, ya que los niveles de esta hormona tienden a disminuir conforme se deteriora la función hepática. Sin embargo, aún es necesario comprender mejor los mecanismos responsables de los cambios observados y determinar qué pacientes podrían beneficiarse más de esta estrategia.

A pesar de los resultados favorables, existen limitaciones importantes. El seguimiento fue de solo 24 semanas y la población estuvo formada principalmente por hombres relativamente jóvenes, lo que limita la posibilidad de extender los hallazgos a mujeres, hombres mayores o conocer sus efectos a largo plazo. Además, algunos participantes alcanzaron temporalmente niveles de testosterona superiores a los fisiológicos, por lo que todavía es necesario evaluar su seguridad cardiovascular, hepática y prostática mediante estudios más amplios y prolongados. En este contexto, la testosterona se plantea como un posible complemento de la nutrición y el ejercicio en pacientes seleccionados, y no como una estrategia aplicable de manera generalizada.

El Dr. Jorge Luis Poo, Hepatólogo Clínico de la CDMX, considera este estudio de investigadores del prestigioso Institute of Liver and Biliary Sciences de Nueva Delhi oportuno y relevante. Oportuno, porque no basta con diagnosticar la sarcopenia en pacientes con cirrosis: necesitamos tratarla. Relevante, porque añadir testosterona a nutrición y ejercicio logró mayor incremento de masa muscular, fuerza y capacidad física, menor fragilidad e incluso menos hospitalizaciones.

Sin embargo, antes de incorporar rutinariamente una hormona, considero que debemos fortalecer aún más la intervención nutricional y ejercicio, explorando estrategias concretas como L-carnitina. Además, el estudio fue unicéntrico, abierto, limitado a hombres relativamente jóvenes y duró solo 24 semanas; preocupantemente, 32% alcanzó niveles suprafisiológicos de testosterona. Ignoramos el efecto de estos cambios a largo plazo, 1-5 años, por ejemplo. Y es relevante mencionar que el grupo de pacientes con mayor afectación por Sarcopenia suelen ser los adultos mayores de 65-70 años. 

Su aplicación clínica potencial es grande, pero requiere seleccionar cuidadosamente al paciente y reforzar nutrición y ejercicio como pilares del tratamiento.

Referencias: 

  1. Arora V, Singh S, Benjamin J, Shasthry V, Singh SP, Kumar G, et al. Effect of testosterone addition to nutrition and exercise on muscle mass in men with cirrhosis: the next trial. Hepatol Int. 2026. doi:10.1007/s12072-026-11106-3.
  2. Sánchez-Tocino ML, Cigarrán S, Ureña P, González Casaus ML, Mas-Fontao S, Gracia-Iguacel C, et al. Definición y evolución del concepto de sarcopenia. Nefrología. 2024;44(3):323-330. doi:10.1016/j.nefro.2023.08.001.
  3. Tan K, Hey P, Vaz K, Sinclair M. Testosterone supplementation and other pharmacotherapy for sarcopenia in cirrhosis: evaluation, treatment and considerations. Curr Hepatol Rep. 2026;25:7. doi:10.1007/s11901-026-00723-z.
  4. Shigehara K, Kato Y, Izumi K, Mizokami A. Relationship between testosterone and sarcopenia in older-adult men: a narrative review. J Clin Med. 2022;11(20):6202. doi:10.3390/jcm11206202.

 

Articulo de divulgación resumido y preparado por:

Fernanda Salinas Iglesias, alumna de BioCiencias del Tecnológico de Monterrey, CCM
A01657679@tec.mx

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