Más allá del peso: nuevas evidencias sobre tirzepatida, nutrición y salud hepática
- Escrito por Nut. María Fernanda Sulub Cornejo
- Publicado en Nutrición y ejercicio
El hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD) se ha convertido en una de las principales causas de enfermedad hepática a nivel mundial. Su desarrollo y progresión están estrechamente relacionados con la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, lo que ha llevado a que las estrategias terapéuticas actuales se centren no solo en la pérdida de peso, sino en la mejora del metabolismo y la función hepática.
Durante años, la reducción del peso corporal ha sido considerada el principal objetivo del tratamiento. Sin embargo, evidencia reciente sugiere que no todas las formas de perder peso generan el mismo impacto sobre la salud del hígado, incluso cuando la disminución en la báscula es similar.
Nuevas herramientas terapéuticas en el abordaje del hígado graso
En los últimos años han surgido fármacos que actúan directamente sobre el metabolismo, como los agonistas del receptor GLP-1 y GIP. Entre ellos se encuentra la tirzepatida, un medicamento que ha demostrado eficacia para mejorar el control glucémico y favorecer una pérdida de peso significativa en personas con obesidad y diabetes tipo 2.
Más allá del efecto sobre el peso corporal, estudios recientes han comenzado a mostrar que la tirzepatida también puede reducir la acumulación de grasa en el hígado. No obstante, aún se investiga cómo la combinación de estos tratamientos farmacológicos con distintas estrategias nutricionales puede influir en la evolución de la enfermedad hepática.
El estudio: mismo peso perdido, respuestas hepáticas diferentes
Un estudio publicado en 2025 en la revista científica Nutrients evaluó el efecto de la tirzepatida combinada con dos enfoques nutricionales distintos en personas con MASLD. La investigación fue liderada por Luigi Schiavo y colaboradores, con participación de centros clínicos y universitarios especializados en medicina metabólica, cirugía bariátrica y enfermedades hepáticas en Italia.
El estudio se llevó a cabo entre finales de 2024 y principios de 2025, e incluyó a pacientes adultos con obesidad y diagnóstico confirmado de MASLD, todos bajo tratamiento con tirzepatida y seguimiento médico y nutricional estrecho.
Los participantes fueron divididos en dos grupos según el tipo de alimentación:
- Un grupo siguió una dieta hipocalórica tradicional, equilibrada en carbohidratos, grasas y proteínas.
- El otro grupo siguió una dieta cetogénica baja en energía, caracterizada por una restricción importante de carbohidratos y diseñada para inducir un estado de cetosis nutricional.
Ambas dietas aportaban una cantidad similar de calorías, lo que permitió comparar sus efectos más allá del déficit energético.
Para evaluar los cambios hepáticos, se utilizó FibroScan, una herramienta no invasiva que permite medir tanto la cantidad de grasa en el hígado como su rigidez, un parámetro asociado con la progresión hacia fibrosis.
Principales hallazgos del estudio
Tras 12 semanas de intervención, ambos grupos lograron una pérdida de peso muy similar, cercana al 10% del peso corporal inicial. Sin embargo, al analizar los parámetros hepáticos, se observaron diferencias relevantes. Las personas que combinaron tirzepatida con la dieta cetogénica baja en energía presentaron:
- Una mayor reducción de la grasa hepática.
- Una disminución más marcada de la rigidez del hígado.
Aunque el grupo con dieta hipocalórica tradicional también mostró mejoría, estos cambios fueron más modestos. Estos hallazgos sugieren que el hígado no responde únicamente a cuántas calorías se consumen o cuántos kilos se pierden, sino también al tipo de señales metabólicas que recibe.

¿Por qué la intervención nutricional puede marcar la diferencia?
La dieta cetogénica induce un estado metabólico en el que el organismo utiliza principalmente grasas y cuerpos cetónicos como fuente de energía. Este entorno metabólico puede influir en procesos clave para la salud hepática, como la reducción de la producción de grasa dentro del hígado, la mejora de la sensibilidad a la insulina y la modulación de la inflamación.
Al combinarse con los efectos metabólicos de la tirzepatida, estos mecanismos podrían explicar una respuesta hepática más favorable, aun cuando la pérdida de peso total fue comparable entre grupos.
La nutrición no queda fuera del tratamiento
La disponibilidad de medicamentos eficaces para la pérdida de peso ha transformado el abordaje de las enfermedades metabólicas. Sin embargo, estos avances no sustituyen el papel de la nutrición, sino que lo refuerzan. Los resultados de este estudio subrayan que la alimentación no debe considerarse un elemento secundario del tratamiento farmacológico. Por el contrario, la intervención nutricional puede potenciar o limitar los efectos de los medicamentos, especialmente cuando se trata de órganos metabólicamente activos como el hígado.
Incluso con una pérdida de peso similar, el tipo de alimentación puede influir de manera distinta en la grasa hepática, la rigidez del hígado y otros procesos relacionados con la progresión de la enfermedad.
Personalización: un principio clave en salud hepática
Un mensaje central que emerge de esta investigación es la importancia de individualizar las intervenciones. Aunque la dieta cetogénica baja en energía mostró beneficios adicionales en este grupo específico de pacientes, esto no significa que sea la estrategia adecuada para todas las personas con MASLD.
La respuesta a una intervención nutricional depende de múltiples factores, como el grado de enfermedad hepática, la presencia de diabetes u otras comorbilidades, el contexto metabólico, las preferencias personales y la capacidad de mantener el plan alimentario a largo plazo.
Más que buscar una dieta única o universal, el abordaje de la enfermedad hepática metabólica requiere estrategias personalizadas, integrando tratamiento médico, nutrición y cambios sostenibles en el estilo de vida, siempre bajo supervisión profesional.

Lo que este estudio no implica
Es importante señalar que estos hallazgos no indican que la dieta cetogénica deba recomendarse de forma generalizada ni que sea segura o adecuada sin acompañamiento especializado. El estudio tuvo una duración limitada y se realizó en condiciones de seguimiento clínico estrecho.
La evidencia actual respalda la necesidad de cautela, evaluación individual y seguimiento continuo al implementar cualquier intervención nutricional en personas con enfermedad hepática.
Un enfoque integral para el futuro
Este tipo de investigaciones refuerzan la idea de que el tratamiento del hígado graso asociado a disfunción metabólica debe ir más allá del peso corporal. La integración de terapias farmacológicas con intervenciones nutricionales basadas en evidencia y adaptadas a cada persona representa una vía prometedora para mejorar la salud hepática y metabólica. A medida que la investigación avanza, se vuelve cada vez más claro que el cuidado del hígado requiere enfoques integrales, personalizados y centrados en la persona, donde la ciencia, la nutrición y la medicina trabajen de manera conjunta.
Bibliografía
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