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Vitamina D y la depresión en la enfermedad por hígado graso no alcohólico

Introducción

La Enfermedad Hepática por Esteatosis Metabólica (EHEM) es una de las principales causas de enfermedad hepática crónica a nivel mundial y se asocia con obesidad, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. En los últimos años, se ha reconocido que esta enfermedad no solo afecta la función del hígado, sino que también tiene repercusiones en la salud mental, particularmente en la presencia de síntomas depresivos.

La depresión se considera una comorbilidad psicológica importante de la EHEM, con una prevalencia estimada de entre el 7 % y el 27 % entre las personas con esta afección. La depresión conlleva una mala adherencia a las modificaciones del estilo de vida y la dieta, que son la piedra angular del manejo de la EHGNA y se recomiendan como tratamiento de primera línea. Más de la mitad de los casos de depresión en pacientes con EHGNA no se diagnostican correctamente, y muy pocos reciben un tratamiento antidepresivo adecuado. Por lo tanto, la búsqueda de tratamientos adecuados y eficaces para la depresión en pacientes con EHGNA se ha vuelto cada vez más urgente.

Paralelamente, la deficiencia de vitamina D es común en pacientes con EHEM, debido a alteraciones metabólicas, inflamación crónica y estilos de vida sedentarios. Muchos investigadores han informado que los pacientes con niveles bajos de vitamina D en sangre tenían una alta probabilidad de esteatosis moderada-grave y fibrosis hepática, lo que implica que la insuficiencia de vitamina D podría contribuir a la aparición y el desarrollo de enfermedades hepáticas.

Diversos estudios han sugerido que la vitamina D podría desempeñar un papel en la regulación del estado de ánimo, la inflamación y la función cerebral. En el contexto de la depresión, algunos estudios en animales han demostrado que la vitamina D puede ser eficaz en el tratamiento de los trastornos depresivos, mientras que varios estudios poblacionales no han llegado a un consenso sobre si la vitamina D tiene efectos antidepresivos.  

Ante este contexto, el estudio de Rong Jiang y colaboradores del Departamento de Medicina Clínica, Facultad de Salud Vocacional de Jiangsu, Nanjing, China, tuvo como objetivo analizar la relación entre los niveles séricos de vitamina D y la presencia de depresión en adultos con enfermedad por hígado graso no alcohólico, utilizando datos representativos de la población estadounidense.

Metodología

Se realizó un estudio transversal utilizando información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES) 2017–2018, una base de datos ampliamente utilizada por su rigor metodológico y representatividad poblacional. El análisis incluyó a 1,339 adultos diagnosticados con EHEM, definida mediante índices validados que consideran parámetros bioquímicos y clínicos. Los niveles de vitamina D se determinaron a partir de mediciones séricas de 25-hidroxivitamina D, el marcador estándar para evaluar el estado de esta vitamina en el organismo.

Figura 1 poblacion

La presencia y gravedad de los síntomas depresivos se evaluaron mediante el cuestionario PHQ-9, una herramienta ampliamente validada en la práctica clínica y en investigación. Se consideró depresión clínicamente significativa cuando el puntaje era igual o mayor a 10. Los participantes se dividieron en grupos según sus niveles de vitamina D, y se realizaron análisis estadísticos ajustados por factores potencialmente confusores, como edad, sexo, índice de masa corporal, actividad física, consumo de alcohol, tabaquismo y presencia de enfermedades metabólicas.

Resultados

Los resultados mostraron que la deficiencia de vitamina D fue frecuente entre las personas con EHEM, y que existía una relación significativa entre niveles bajos de vitamina D y una mayor prevalencia de síntomas depresivos. En el análisis ajustado, los participantes con niveles más altos de vitamina D presentaron hasta 39% menos probabilidad de depresión en comparación con aquellos con niveles bajos. Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar múltiples factores de riesgo metabólicos y sociodemográficos.

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Al analizar subgrupos, la relación entre vitamina D y depresión fue especialmente evidente en hombres y en personas con obesidad, lo que sugiere que ciertos perfiles de pacientes podrían beneficiarse más del monitoreo de esta vitamina. Los autores destacan que la vitamina D podría influir en mecanismos inflamatorios y neuroendocrinos relacionados tanto con la EHEM como con la depresión.

Sin embargo, el estudio no encontró evidencia suficiente para establecer una relación causal directa, ya que su diseño transversal solo permite identificar asociaciones, no determinar si la deficiencia de vitamina D es causa o consecuencia de la depresión.

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Conclusión

Este estudio aporta evidencia reciente y relevante sobre la estrecha relación entre la salud hepática, el estado nutricional y la salud mental. En personas con enfermedad por hígado graso no alcohólico, los niveles bajos de vitamina D se asociaron con una mayor prevalencia de síntomas depresivos, lo que refuerza la importancia de un abordaje integral del paciente.

Aunque los resultados no permiten afirmar que la deficiencia de vitamina D cause depresión, sí sugieren que mantener niveles adecuados podría ser un factor protector y una herramienta complementaria en el cuidado de personas con EHEM. La evaluación rutinaria de vitamina D podría ayudar a identificar pacientes en mayor riesgo de alteraciones emocionales.

Los autores concluyen que se requieren estudios longitudinales e intervenciones clínicas para determinar si la corrección de la deficiencia de vitamina D puede contribuir de manera directa a mejorar la salud mental y el pronóstico de la enfermedad hepática. Mientras tanto, este hallazgo subraya la necesidad de considerar al paciente hepático desde una perspectiva biopsicosocial, integrando nutrición, salud mental y cuidado del hígado.

Referencias:

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