sábado, 19 enero 2019
Log in

EL DIVORCIO DE MÍ MISMO

Mujer en el campo 1024x640Pareciera ilógico pensar que podría haber un divorcio de mismo pero es desgraciadamente una situación común. Dejarte en segundo o último lugar y priorizar tu rol de padre o madre, de esposo o esposa, de hija o hijo, de empleado, de jefe, ama de casa etc. es a veces tan evidente que no lo ves. En ocasiones una enfermedad o crisis hará que voltees forzadamente a verte a ti mismo, a hacerte visible. Por qué llegar a ese punto donde tu cuerpo o la circunstancia tenga que gritarte para llamar tu atención sobre lo más importante: tú mismo. O acaso se puede dar lo que no se tiene? Cómo puedes pedir tranquilidad a alguien, amor a alguien si tú mismo no cultivas tu paz interior, si te críticas y te exiges o te maltratas no siguiendo un tratamiento o intoxicándote con sustancias, situaciones, personas o pensamientos que te lastiman?

Sí, la calidad del pensamiento es fundamental para la salud física y mental. Tu pensamiento determina el cómo te sientes y entonces el cómo actúas ante cierta situación o persona y por supuesto ante ti mismo. Tu pensamiento deberá tener tres características:


1) Real: sin ilusiones falsas o suposiciones
2) Positivo: sin negativismo o catastrófico
3) Presente: no pasado ni futuro, y si vas ahí toma lo que te sirva y regresa al presente


Si, por ejemplo, te has sentido culpable, sea porque te han señalado de culpable o porque te lo has auto impuesto, te estarás “castigando” sin permitirte estar en paz o merecedor de una vida cómoda pues “debes” pagar de forma consciente y generalmente inconsciente, por tus fallas. Y aquí te recuerdo que es humano fallar y que no eres un semi dios. El ser humano es un ser falible (que comete fallas), pero perfectible (que cada vez puede hacerlo mejor).


Así que, a hacer alianzas contigo mismo. Deja de criticarte y mejor corrige el error. Suéltate de las ofensas y decide vivir libre de juicios que te aten al dolor. Vuelve tu vista a ti mismo pero no por obligación, sino amorosamente pues si no lo haces tú, nadie lo hará. Prioriza tu salud, tu tiempo de descanso, de diversión, de soledad, aprende a escuchar el silencio y a sentirte cómodo con él, aprende a caminar contigo y no volverás a decir: “estoy solo”, sino: “estoy conmigo”. Date a ti mismo amorosamente lo que siempre has esperado de los demás. Entiende que esa fórmula de esperar de fuera lo que hay dentro no funciona y tendrás que hacerte cargo de ti, sabes por qué? Porque puedes, porque en eso sí tienes 100 por ciento de responsabilidad.


Samantha Urzua y Madrid
Psicoterapueta Gestalt y Tanatóloga

 

 Creditos de imagen

1. Mar aravel: http://mararavel.blogspot.mx/2011/02/as-cores-da-tempestade.html