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domingo, 17 octubre 2021

EL PORTAL EDUCATIVO DE LA SALUD HEPÁTICA

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¿PACIENTE HORMIGA, ARAÑA O ABEJA?

Se dice que estamos en la época de la información, un maravilloso mundo donde muchos de los grandes enigmas o dudas de la humanidad han sido descubiertas.

5 apps de salud imprescindibles en tu smartphone Según el filósofo francés Michel Serrés somos la generación pulgarcita, que lo tiene todo al alcance del pulgar de su mano. Si deseas llegar al consultorio de un médico por primera vez, o bien comprar comida Thai o adquirir la aplicación más healthy, mueves tus dedos y como en un cuento mágico, gracias al genio virtual de la tecnología, puedes lograr tener la información en segundos o en minutos. Como pacientes modernos accedemos a vastas bibliotecas virtuales, consultamos detalles de nuestra enfermedad o estudios inusuales de laboratorios, mecanismos de acción de fármacos, buscamos terapias de meditación o relajación, el más reciente workout o bien simplemente disfrutamos de la música más divertida con tan solo desearlo y buscarlo.

Sin embargo, no todo el conocimiento se lo debemos a esta maravillosa época de la información en que vivimos porque a menudo también se requiere de la reflexión. Y es allí donde está nuestro talón de Aquiles porque no siempre reflexionamos. ¿De qué nos sirve tener toda la riqueza del mundo sino sabemos en qué emplearla?. ¿De qué nos sirve tener toda la información del Hígado si al final no entendemos como cuidarlo y repararlo? Reflexionar es un arte que se cultiva, que crece poco a poco, a través del tiempo y demanda diversos cuidados, como un buen cultivo de arándanos.

Si soy paciente de algún mal hepático (por alcohol, virus, autoinmune o metabólico), debo reflexionar sobre mi enfermedad.

Si se trata de mis síntomas,
¿Puedo estar tranquilo porque ya no los presento?
Y si siguen mis molestias, ¿por qué no mejoró de mis síntomas?
¿De qué depende la actividad de mi enfermedad?
¿Hay algo que depende de mi?
¿Depende de la forma en que me alimento?
¿Se relaciona con si hago o no hago ejercicio?

Si veo mis estudios, debo leerlos y tratar de entenderlos.
¿Tengo o no tengo anemia…?
¿Están bien o no mis glóbulos blancos o mis plaquetas?
¿Como salió la función de mi hígado esta vez?
¿Como sigue la inflamación en mi hígado?
¿Como salió mi glucemia o mi hemoglobina glucosilada?
¿Como van mis triglicéridos o mis colesteroles?

Gracias a mi reflexión podré imaginar que de acuerdo a mis síntomas o mis resultados la terapéutica seguirá igual o cambiará. Y para ello tendré la oportunidad de prepararme para mi próxima consulta. Recordemos que vivir nos permite acumular experiencias pero también olvidos. Los seres humanos olvidamos. Por ello, debemos anotar nuestras dudas o comentarios para poder expresarlos durante la consulta.

Novum organum scientiarumSin duda la abundancia de información nos deja muy poco tiempo para la reflexión. Cuando ocurre así podemos convertirnos en simples usuarios de la misma y peor aún usuarios sin reflexión. En 1620 había un hombre reflexivo en Londres. Se llamaba Francis Bacon y escribió diversos temas, incluyendo su NOVUM ORGANUN en el cual refuta el pensamiento aristotélico que todo mundo usaba, sin pensar más, sin cuestionarlo durante siglos y siglos.

Tuvo la sencilla idea de mencionar que el intelecto humano permite que las cosas sean no solo usadas sino también reflexionadas. El debate eterno sobre la forma en que el ser humano obtiene el conocimiento se daba entre los empíricos y los racionalistas o dogmáticos. Lo empírico está basado en la experiencia y en la observación de los hechos, en la experiencia sensorial. El racionalista se ampara en lo que llama la razón que más bien es un dogma, una aserción no demostrada pero que es aceptada a ciegas por la fuerza de la fe.

Entonces, Bacon dijo, “las ciencias han sido tratadas o por los empíricos o por los dogmáticos. Los empíricos, semejantes a las hormigas, sólo deben recoger y gastar; los racionalistas, semejantes a las arañas, forman telas que sacan de sí mismos; el procedimiento de la abeja ocupa el término medio entre los dos; la abeja recoge sus materiales en las flores de los jardines y los campos, pero los transforma y los destila por una virtud que le es propia”

En realidad hormigas, arañas o abejas, utilizan distintas formas de ser útiles a la naturaleza. Las hormigas no solo se dedican al transporte de nutrientes sino que también se involucran en la descomposición de la materia orgánica y en la dispersión de semillas. Las arañas son grandes depredadoras de insectos nocivos y para ello construyen sus redes en sitios estratégicos. Las abejas utilizan el néctar de las flores no solo para alimentarse sino para producir miel. Además transportan el polen de las plantas desde los estambres hasta el estigma o parte receptiva de las flores en donde germina y fecunda los óvulos de la flor, haciendo posible la producción de más semillas y frutos.

Yo como médico y paciente, estoy convencido que puedo ser mejor paciente si entiendo mi enfermedad y me preparo para prevenir más cargas o tensiones. También me ayudó siguiendo las indicaciones de mi curandera estrella. También ayudó a otros a transmitir lo que siento y lo que aprendo, a través de la reflexión.

Y tú, te has preguntado en términos de uso y búsqueda del conocimiento, ¿cómo eres…?

Como hormiga, como araña o como abeja…?

 

Escrito por Dr. Jorge Luis Poo

consultorio.jpoo@gmail.com

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