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sábado, 19 junio 2021
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EL ESPEJISMO DE LA PRE-REFLEXIÓN. UNA INVITACIÓN PARA IR UN POCO MÁS ALLÁ.

Mauricio se pregunta sobre el porqué su esposa le riñe tanto cuando tan solo disfruta sus reuniones de amigos con unas cuantas copas de un buen ron. Todos parecen pasarla tan bien que sorprende que siempre llegue Eulalia de aguafiestas a terminar su reunión y encima con su habitual sermón. 

- Ya basta señores, a dormir!. La fiesta por hoy se ha acabado.

- Espera mujer, que estamos contentos, que estamos pasándola bien, responde Mauricio.

- Basta!, he dicho que mañana hay que trabajar, responde Eulalia.

En las relaciones entre el ser y un objeto de placer (Mauricio y su copa de ron, por ejemplo), se establece un primer nivel de conciencia del ser. Primero una conciencia no reflexiva. Es importante aclarar que sería improbable pensar que el objeto sea consciente de que ese ser lo ha elegido y de que la copa de ron este consciente de que se la van a tomar. Más bien ocurre al revés. Es decir, Mauricio contempla al objeto y es en ese momento que surge la conciencia de su ser y su aparente libertad para elegir tomarlo o consumirlo. Es una etapa en la que el sujeto adquiere conciencia, pero no necesariamente significa que el sujeto este consciente de su elección. Es una etapa de conciencia pre-reflexiva. Es un nivel pre-cognitivo de la conciencia del ser.

ser o no serJean Paul Sartre menciona dos momentos o instantes de la conciencia, la conciencia "del ser en-si" y la conciencia "del ser para-si".  La primera es automática, espontánea e irreflexiva. Es la conciencia de la libertad (aunque sea teórica), de la pura transparencia, libre de toda determinación o condicionamiento, gracias precisamente a su estructura pre-cognitiva. La segunda conciencia, la del "ser para-si" surge cuando hay una percepción de que estoy conciente que mi ser tiene una relación con el mundo de los objetos. Es una referencia intencional al ser en-sì, que le permite distinguirse de él como otro y permanecer y constituirse como tal conciencia, en esta negación del ser. Sartre entiende que el sujeto o conciencia encarnada toma la forma temporal de una nada sostenida por el ser. En otras palabras, que el sujeto en tanto conciencia o para-sí, por una parte es una nada, pura intencionalidad en referencia al ser y, por otra, es también presencia hacia sí y al mundo. Es decir, el para-sí se encarna o materializa en el hombre, para dar un sentido a su situación, aunque no justificarla. Esto le hace consciente de su existencia y de su responsabilidad, en cuanto que debe actuar y transformar la realidad.

Imaginando estar en el café de los existencialistas, con sexo, vino y cigarros, podemos invocar una anécdota de contar 12 cigarros. Puedes contar el primero y decir que estás conciente de que has fumado tu primer cigarro. Después puedes contar tu segundo cigarro y decir que estás conciente del segundo cigarro. Es conciencia del fenómeno u objeto del cigarro. Y así podrías ir hasta el final del cuento de los 12 cigarros. Sin embargo, para otros la conciencia del fenómeno o conciencia del objeto, es decir del cigarro y del placer que genera el fumarlo, sin duda es una forma de la conciencia del ser que lo está fumando, pero no necesariamente conlleva una reflexión más profunda de la elección o de la intención del fenómeno. Pongamos otro ejemplo, ahora de 12 bebidas de ron como ejemplos del mundo de los objetos que rodean nuestra vida. Se establece ahora una relación entre el ser y unos objetos de degustación.

Imaginemos ahora una reunión, fiesta o incluso una cena opípara, una grata velada de degustación. El sujeto puede contar su primera, segunda o tercera copa y decir que ha disfrutado sus copas. Es decir está consciente de tomarse unas copas de ron. Esta en un modo espontáneo y automático de la conciencia. Esta en "el ser en-si".  Sin embargo, en el otro modo de la conciencia ("el ser para-si") quedaría aún la duda de si está consciente de la relación entre su cuerpo y el fenómeno llamado objeto (copa de ron). Y entonces, existe un instante o modo de pre-conciencia, automático y sin reflexión profunda. Es decir, el sujeto puede quedarse atrapado en un segmento de su existencia que le permite sentir el fenómeno del objeto en su ser y disfrutar del mismo e incluso compartir con otro grupo de personas que sienten lo mismo y que pueden estar disfrutando del efecto del fenómeno en sus cuerpos. Sin embargo, cada uno de estos sujetos está en un estado de pre conciencia, no reflexiva, pero grata o hedonista que equivalente a un espejismo, en tanto ilusión óptica, a veces placentera, alejada de la realidad.

En las relaciones del ser con el mundo de los objetos, más allá de definiciones sartrianas, es común confundir las relaciones entre el ser y los objetos, Pongamos por ejemplo, la relación entre Mauricio y la posibilidad de tener COVID. Eulalia le dirá "deja de beber porque te enfermaras más facilmente". De hecho, incluso ya han decidido acudir con un galeno, el Dr. Remigio Toribio, quien le ha dicho: "Mirá nada más como estás de descuidado !!!. Te aclaro que si no usas cubre-bocas, te enfermarás de COVID y a ver quien salva tu vida!!!". Eulalia le recuerda que casi nunca usa el cubre-bocas y el galeno agrega: "... Por eso estamos como estamos y por eso se muere tanta gente de COVID." Estos juicios o recomendaciones simplistas confunden la relación entre un ser y un objeto (virus del COVID-19) y asumen que como hay un factor de riesgo (alcoholismo) ya practicamente existe la enfermedad.  

En realidad, a Mauricio, a Eulalia y al Dr. Toribio habría que recordarles que existe otra conciencia de las cosas, menos simplista o espontánea, más analítica e intencional, que se sobrepone a lo automático o culposo y aunque surge de la nada, su esencia es profundamente reflexiva. Es el modo de conciencia del "ser para-si" y para-el otro" que hipoteticamente diría:

- Además de lavarme las manos y usar cubre-bocas que son remedios del siglo pasado, elijo y me preparo para comer bien, de acuerdo a mis enfermedades.

- Además de lavarme las manos y usar cubre-bocas, elijo y me preparo para hacer ejercicio, porque oxigena mis tejidos, porque favorece la irrigación y la regeneración y porque ayuda al estiramiento y el fortalecimiento muscular.

- Además de lavarme las manos y usar cubre-bocas, elijo atenderme de mis otros padecimientos. No suspendo mis consultas, me hago mis estudios de laboratorio y gabinete (que se que me tocan) y surto y tomo mis medicamentos de manera apropiada.

- Elijo la opción proactiva y no pasiva de quejarme y esperar que los otros lo hagan por mí. Decido ser el promotor de mi vida saludable y evito caer en el modo  de queja y culpa hacia los demás.

- Finalmente, considero en mi vida, la opción de elegir qué tomar y en qué cantidad hacerlo y no vivir para tomar cualquier cosa que contenga alcohol sin importarme el efecto de su consumo en mi cuerpo y en el equilibrio de mi vida con los demás.  

Ojalá y este atrevimiento de inspiración en el libro el Ser y la Nada, de Jean Paul Sarte, transmita nuestra  intención de no quedar atrapado en espejismos de aparente libertad y saber elegir entre la nada de una postura pasiva y el todo de un ser que toma una decisión reflexiva. 

Referencias:

1. Lourdes Gordillo Álvarez-Valdés. Sartre: la conciencia como libertad infinita. Tópicos (México) no.37 México dic. 2009

2. Sartre, Jean-Paul. El Ser y la Nada, Publicada en 1943. Re-editata en Buenos Aires, Losada, 1998.