La diabetes de tipo II, comienza en el hígado

La otra cara de los problemas de nutrición lo conforma la obesidad, que ha ido creciendo de forma alarmante en los últimos años. Actualmente, México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil, y el segundo en obesidad en adultos, precedido sólo por los Estados Unidos. Problema que está presente no sólo en la infancia y la adolescencia, sino también en población en edad preescolar.

Datos del ENSANUT (Encuesta Nacional de Salud y Nutrición) indican que uno de cada tres adolescentes de entre 12 y 19 años presenta sobrepeso u obesidad. Para los escolares, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad ascendió un promedio del 26% para ambos sexos, lo cual representa más de 4.1 millones de escolares conviviendo con este problema.

La principal causa a la que se apunta son los malos hábitos en la alimentación, que acaban desembocando en una prevalencia del sobrepeso de un 70% en la edad adulta. A largo plazo, la obesidad favorece la aparición de enfermedades tales como diabetes, infartos, altos niveles de colesterol o insuficiencia renal, entre otros. Actualmente, la diabetes es el mayor problema al que se enfrenta el sistema nacional de salud: es la principal causa de muerte en adultos, la primera causa de demanda de atención médica y la enfermedad que consume el mayor porcentaje de gastos en las instituciones públicas.

La obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas, ya que 1.900 millones de personas adultas son actualmente obesas o tienen sobrepeso. Si bien son muy conocidos los vínculos entre obesidad y diabetes tipo II, no ocurre lo mismo con los mecanismos celulares y moleculares que predispone a las personas obesas a esta enfermedad. Por ejemplo, se ha demostrado que varias señales inflamatorias circulantes aumentadas en la obesidad obstruyen la acción de la insulina. Si bien los enfoques farmacológicos destinados a identificar los mecanismos antes mencionados han tenido resultados alentadores, todavía existe una necesidad insatisfecha de herramientas nuevas, amplias y efectivas para la traducción a la clínica. Pensamos que desenmascarar la identidad de los mediadores inflamatorios que relacionan la obesidad con la resistencia a la insulina podría proporcionar nuevos objetivos para el tratamiento mejorado con T2DM.

Ahora, un grupo de expertos de la Universidad de Ginebra, según el reportero Juan Scaliter de la famosa revista QUO, liderados por Roberto Coppari y Xavier Brenachot, han logrado desentrañar los factores que vinculan la obesidad y la resistencia a la insulina, así como el papel clave que desempeña el hígado en el inicio de la enfermedad.

En un artículo publicado en Nature Communications, los expertos señalan que la proteína PTPR-γ, que aumenta en el contexto de la obesidad, inhibe los receptores de insulina localizados en la superficie de las células hepáticas. Esto a su vez conduce a un aumento en las señales inflamatorias que tienen efectos en el hígado y en otros órganos. La inflamación inducida por la obesidad desencadena la activación de un factor de transcripción llamado NF-kβ, que parece ser instrumental en el desarrollo de la diabetes.

“Para comprender mejor este mecanismo – explica Coppari en un comunicado –, nos enfocamos en una proteína llamada PTPR-γ que es un objetivo de NF-kβ. Primero examinamos varios grupos humanos:. Estos estudios indicaron que el contenido de PTPR-γ en el hígado aumenta con la inflamación, un efecto que podría afectar directamente los receptores de insulina al inhibir la acción de la insulina”.
Para probar si esto era así, los científicos modificaron los niveles de expresión de PTPR-γ en ratones, ya sea suprimiendo, expresando normalmente o sobreexpresando los niveles, y observaron el efecto sobre la resistencia a la insulina.

“Los ratones que carecían completamente de PTPR-γ, cuando se les daba una dieta alta en calorías, desarrollaron obesidad – añade Brenachot –. Pero no mostraron ningún signo de resistencia a la insulina y parecían estar completamente protegidos de la diabetes inducida por la dieta”.

Para afinar su análisis, el equipo de Coppari y Brenachot reconstituyeron la expresión de PTPR-γ a niveles normales, pero solo en las células hepáticas. Entonces los ratones volvieron a ser propensos a la resistencia a la insulina, lo que indica el papel fundamental del hígado. Además, una sobreexpresión doble en el hígado (imitando la fisiopatología natural de la obesidad) fue suficiente para causar resistencia a la insulina.

“Esperemos que nuestros ensayos preclínicos – concluye Coppari – contribuyan a unas mejores estrategias para tratar una enfermedad como la diabetes de tipo II que actualmente afecta a 1 de cada 11 personas en el planeta, es decir, a más de 420 millones de personas”.

Atender la obesidad en el entorno laboral podría contribuir a romper con el ciclo de desigualdad social. La experiencia demuestra que una correcta alimentación previene los problemas de sobrepeso y obesidad.

 

Referencia
Xavier Brenachot, Giorgio Ramadori, Rafael M. Ioris, Christelle Veyrat-Durebex, Jordi Altirriba, Ebru Aras, Sanda Ljubicic, Daisuke Kohno, Salvatore Fabbiano, Sophie Clement, Nicolas Goossens, Mirko Trajkovski, Sheila Harroch, Francesco Negro, Roberto Coppari. Hepatic protein tyrosine phosphatase receptor gamma links obesity-induced inflammation to insulin resistance. Nature Communications, 2017; 8 (1)