Biomarcadores para fibrosis hepática: ventajas y desventajas

 Un trabajo hecho en la Unidad de Investigación en Medicina Experimental del Hospital General de México y de la Facultad de Medicina UNAM, nos dice que la cirrosis hepática en México es una de las principales causas de muerte en sujetos entre los 25 y los 50 años de edad. Una de las principales razones del fracaso terapéutico es el desconocimiento de los mecanismos moleculares que producen el trastorno hepático y lo hacen irreversible. Entre sus características anatómicas prevalece un depósito excesivo de tejido fibroso que adopta diferentes formas, dependiendo de la etiología y etapa de la enfermedad.


La biopsia hepática, considerada tradicionalmente como la referencia estándar para estadificar la fibrosis, ha sido muy cuestionada en la última década, por lo que se ha propuesto el desarrollo de tecnologías no invasivas basadas en enfoques distintos pero complementarios: uno biológico que considera los niveles séricos de los productos procedentes de la fibrosis y otro físico que evalúa la cicatrización del órgano por métodos tales como, el ultrasonido, la resonancia magnética y la elastografía, algunos de ellos, estudiados y validados inicialmente en pacientes con hepatitis C.


En los últimos años, el interés por identificar y describir la fibrosis hepática mediante el uso de marcadores no invasivos ha ido en aumento. La fibrosis puede ser determinada en 2 formas (no invasivas), una de ellas se basa en una aproximación biológica (cuantificación de marcadores en suero) y la segunda en una aproximación física (midiendo la rigidez del hígado); finalmente ambas resultan complementarias.


Los marcadores de fibrosis hepática ofrecen una alternativa atractiva y rentable tanto para el paciente como para el médico. Además de no ser invasivos, prácticamente no provocan complicaciones, los errores de muestreo son pocos o nulos y tienen la ventaja de que las mediciones pueden llevarse a cabo repetidamente, permitiendo por lo tanto un control dinámico de la enfermedad; en otras palabras, al poder realizar las mediciones repetidamente, sin afectar el estado del hígado (lo que no siempre ocurre con la biopsia), permite la supervisión de la progresión de la enfermedad o su regresión, como parte del seguimiento ya sea de la historia natural del padecimiento hepático o como resultado de los regímenes de tratamiento.


Los biomarcadores en suero han sido valorados principalmente por su capacidad para determinar el estadio de la fibrosis. Se han propuesto 2 tipos de ellos: los directos, que reflejan el depósito o la eliminación de la matriz extracelular en el hígado; y los indirectos, que incluyen moléculas liberadas a la sangre inducidas por la inflamación, sintetizadas, reguladas o excretadas por el órgano, como producto de los procesos comúnmente alterados a consecuencia del deterioro de la función hepática.


La ventaja obvia de los biomarcadores sobre la biopsia es su determinación en muestras que tienen un carácter invasivo mínimo. La toma de la biopsia requiere de anestesia local o analgesia intravenosa y/o sedación con benzodiacepinas de acción corta seguida de la punción que implica rotura de tejido, con posibilidades de complicaciones, que aunque escasas, pueden llegar a ser letales.


Dejando de lado la ventaja obvia, la principal cualidad de los métodos no invasivos para la predicción clínica de la fibrosis sobre la biopsia, probablemente, además de su fácil aplicabilidad, reproducibilidad interlaboratorio y su disponibilidad generalizada (fácil distribución), es que estas pruebas pueden evaluar el curso de las funciones y procesos fisiopatológicos.
Actualmente, entre las principales desventajas de los biomarcadores podemos mencionar: 1) ninguno de ellos es específico para el hígado, 2) sus resultados pueden ser influidos por condiciones comórbidas y 3) requieren de una interpretación crítica de los mismos.


Otra desventaja reside en que su evaluación se limita a una condición patológica específica (ejemplo, enfermedad hepática alcohólica) y el rendimiento del mismo se compara con el de uno o más paneles y, debido a esto, la contribución exacta del marcador recién descrito se dificulta.


A la fecha podemos hablar de que una de las principales desventajas observada en este tipo de pruebas es la discordancia entre la sensibilidad y la especificidad, lo que no ha permitido hasta ahora elegir una de ellas con resultados certeros para cualquier tipo o grado de la enfermedad fibrótica.


Finalmente, otra de sus grandes desventajas es que la mayoría de estos marcadores solo pueden detectar etapas muy tempranas o estadios avanzados de la enfermedad, con una clara incapacidad para discriminar las etapas intermedias.


El manejo exitoso del tratamiento en las enfermedades crónicas del hígado depende de la estadificación correcta de la fibrosis. Con el fin de proporcionar los medios para el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad y su respuesta a la terapia, se requiere de la realización de pruebas reproducibles y no invasivas. El proceso de fibrogénesis es una respuesta común del hígado, cuando se presenta una lesión crónica producida por una variedad de agresiones, como parte del desarrollo de la enfermedad3, lo que ha dificultado la búsqueda adecuada de biomarcadores específicos y se ha convertido en un reto en la hepatología traslacional.


Referencia
Cequera, A., & de León Méndez, M. G. (2015). Biomarcadores para fibrosis hepática, avances, ventajas y desventajas. Revista de Gastroenterología de México, 79(3), 187-199.